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PANDEMIA

¿Y si no quieres quitarte la mascarilla en la calle?

Desde el 26 de junio no es obligatoria la mascarilla en espacios exteriores, siempre que se mantenga la distancia de seguridad. Pero, ¿qué pasa si no quieres?

¿Y si no quieres quitarte la mascarilla en la calle?

iStock ¿Y si no quieres quitarte la mascarilla en la calle?

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Ya es posible quitarse la mascarilla en exteriores, sí, pero con matices. Siempre que se pueda mantener la distancia de seguridad. Y hay muchos momentos en que no es así. Y te cruzarás con personas que pueden o no estar vacunadas. Que pueden ser asintomáticas, o no. Y lo más importante, que tú aún no te fías, no sólo de las nuevas cepas del coronavirus, sino de lo que hayan hecho las personas con las que te vas a encontrar.

Qué pasa si no queremos quitarnos la mascarilla porque tenemos miedo

“Es un comportamiento totalmente lícito que no puede ser considerado patológico mientras la amenaza real siga existiendo, mientras obedezca a parámetros objetivos y a un razonamiento científico que además es el que, efectivamente, en los últimos meses ha servido para que desplegásemos las medidas de seguridad necesarias para protegernos”, nos cuenta a Antena 3 la psicóloga Ana Villarrubia.

“Otra cosa bien distinta sería que, no existiendo riesgo apenas, dejásemos de hacer cosas por no entrar en contacto con otros, o dejásemos por completo de relacionarnos, de tocarnos o de mostrarnos afecto una vez la normalidad se hubiera restablecido. En ese caso la conducta de seguridad de seguir llevando la mascarilla, junto con otras muchas, dejaría de ser adaptativa y pasaría a formar parte de todo un repertorio de conductas de evitación desadaptativas y falsamente protectoras”, añade.

Quiero seguir llevando la mascarilla: pues claro que sí

“Hay que responder con absoluta sinceridad. El riesgo sigue existiendo, la inmunidad total está aún lejos de lograrse, se han evitado muchas otras enfermedades gracias al uso de la mascarilla, y existen lugares en los que su uso es posible que esté justificado de por vida (aglomeraciones, transporte público, etc.). Nos arriesgamos a comentarios a cuenta de si somos o no exagerados, nos arriesgamos a juicios de valor, pero eso siempre es algo frente a lo cual estamos expuestos a partir del momento en el que manifestamos una opinión o reivindicamos una determinada posición. Si nuestro argumentario es lógico y coherente, si es equilibrado, si no hacemos daño a nadie y si aquello que hacemos para protegernos no nos perjudica de ninguna otra manera, entonces podemos estar muy tranquilos y volvernos impermeables frente a las opiniones de terceros que ni siquiera se quieran parar a escucharnos o que nos juzguen por diversión”, recalca.

Mujer quitándose mascarilla
Mujer quitándose mascarilla | iStock

Si te preguntan, sé sincera. Pero sin ofender

“Lo único que no sería procedente es ser excesivamente impertinente o cortante, o hacer sentir mal a alguien como si su mera presencia nos amenazase, como si de un “potencial apestado” o “potencial agresor” se tratase. Lo único a tener en cuenta es el cuidado de no ofender y con ello basta con no personalizar en la figura de quien tenemos en frente. El mensaje es claro y es un mensaje formulado en primera persona: “yo la sigo llevando porque yo me quedo más tranquila o tranquilo en determinadas circunstancias, no es tu presencia la que me amenaza y no es de tu estilo de vida del que desconfío, no lo personalices, es este contexto concreto el que aún me sigue despertando cierta inseguridad”. Lo importante es no personalizar el mensaje en el otro para no ofender deliberadamente. A partir de ahí, y con total asertividad, si el otro no quiere entender, entonces el problema no lo tendremos nosotros sino él”, finaliza la experta.

Cuidado con las fobias

En la misma línea se posiciona el psicólogo Andrés Montero, de Norte Psicólogos. “Cuando durante estos meses te has sentido seguro porque todo el mundo llevaba mascarilla, ese miedo ahora no desaparece porque ahora no sea la mascarilla obligatoria en el exterior. No sería muy bueno si te sientes mal porque ahora parte de los demás no lleven mascarilla. Al final lo que puede pasar es caer en fobias o ansiedad, que también se están viendo bastante en consulta. Si una persona lleva mascarilla y otra no, debemos respetar al que la lleve, e incluso ponérnosla si nos acercamos. Y aún debemos adaptarnos a estos cambios. No cuesta nada ponérnosla, y poco a poco debemos ir hacia una manera de normalizar, hasta que pase más tiempo, el uso recomendado de la mascarilla en exteriores aunque ya no sea obligatoria”, nos cuenta el experto.

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