1. Te aceleras en la respiración. El objetivo es acompañar con ella al ejercicio y adaptarla a su ritmo. La mitad del tiempo deberás preocuparte de coger el aire y la otra mitad de expulsarlo. En el momento en que te olvides de la respiración o te despistes del ritmo, el ejercicio estará mal hecho.

2. Tensas el cuello, y con ello las cervicales. Un buen truco que puede servirte para corregir la postura es imaginar que tienes una pequeña pelota entre la barbilla y el pecho, que no puede caerse.

3. Llevas los hombros adelantados con respecto al cuerpo. En cualquiera de los ejercicios de pilates que realices, la posición correcta es un intento de aproximación de tus escápulas.

4. Tus rodillas se caen hacia los lados o, por el contrario, se juntan. Desde la posición de flexión, debes procurar que los aductores trabajen, pero no tanto como para que las piernas acaben tocándose. De hacerlo así, notarás que el suelo pélvico no trabaja igual.

5. Tu columna y el resto del cuerpo trabajan de manera autónoma. Tu preocupación durante todo el ejercicio debería ser que el conjunto de tu cuerpo se mueva en sintonía. Si tu columna está recta, tu cabeza no debería caer hacia el suelo. Del mismo modo, si debes estirar una pierna, ésta no debería alcanzar una altura diferente a la del resto de tu cuerpo.

Son consejos que debes tener en cuenta, sobre todo si lo practicas en casa por tu cuenta. Lo recomendable es que un profesional revise tu postura, tu respiración y tu técnica.

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