CAPÍTULO 100
Duru es una pequeña Seyran y Ferit no puede estar más enamorado de ella
Cuatro años después, Ferit ha cambiado mucho y la pequeña Duru se ha convertido en una de sus grandes debilidades. La niña, además, es el vivo retrato de su madre.

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Han pasado cuatro años y la vida en la mansión Korhan ha dado un giro radical. Este salto temporal nos regala una estampa que enternece a cualquiera: Ferit intentando despertar a su pequeña Duru, que se ha quedado dormida en la cama de sus padres.
La niña es la viva imagen de Seyran, con la misma mirada y esa luz tan suya. Fascinado con la pequeña, Ferit se vuelca en mimos y paciencia infinita para conseguir que abra los ojos, aunque Duru no parece tener muchas ganas.
"Duru, anoche me lo prometiste antes de dormir", le recuerda Ferit entre risas al ver que no hay manera de que se mueva. La niña le había jurado que hoy se levantaría a la primera, pero está claro que esa promesa se la ha llevado el viento en cuanto se ha quedado dormida.
A base de carantoñas y cosquillas, Ferit demuestra lo muchísimo que ha cambiado en este tiempo. Atrás quedó aquel joven impulsivo; cuatro años después nos encontramos a un padre volcado en su hija, protector y loco de amor por ella.
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