Dos amigos de Cristian se presentaron en el centro de salud del pueblo, situado a 650 metros de donde se encontraba el joven. Sin embargo, los médicos que se encontraban en el centro aseguraron que no podían atenderle ya que les era imposible dejar solo el centro de salud y no tenían vehículo para desplazarse.

Aquel día todo lo que podía fallar, falló. En las instalaciones deportivas donde jugaba Cristian había un desfibrilador, pero no pudieron usarlo porque el encargado de hacerlo no estaba en ese momento.

Milagros, la madre del joven, ha denunciado al centro de salud por omisión de socorro. Solo quiere que se haga justicia con su hijo.

Está segura de que su hijo estaría vivo si hubiera tenido asistencia médica, ya que no falleció en el acto. Se siente arropada por el pueblo, aunque en los últimos meses asegura haber estado "ausente" ya que la muerte de su hijo la dejó "en shock hasta hace unos meses" y actualmente está saliendo adelante con ayuda psicológica.