El hijo de Stephen King, Joe Hill, no para. Tras las versiones de la vampírica 'Nos4a2', con Zachary Quinto, y de la inquietante 'En la hierba alta', con Patrick Wilson, llega 'Locke & Key' la recreación del cómic de terror que creó junto a Gabriel Rodríguez. Hasta llegar aquí, el proyecto estuvo varios años dando tumbos, tras un piloto fallido de Fox en 2010 y una hipotética serie de Hulu que nunca se llegó a rodar en 2017. Netflix finalmente se ha hecho cargo de la adaptación, con Carlton Cuse ('Perdidos') y Meredith Averill ('La maldición de Hill House') como showrunners, dos pesos pesados de la industria.

Ambos productores aclararon que 'Locke & Key', aunque se sitúe en una gran mansión, no tiene nada que ver con la típica trama de casa encantada. En efecto, vistos los primeros episodios, la serie se centra más en la fantasía, en los descubrimientos juveniles y en el drama de una familia que en el terror puro y duro, aunque hay grandes dosis de suspense y muchos guiños en los diálogos para los amantes del género. Al igual que hiciera con 'En la hierba alta', Vincenzo Natali es el encargado de dirigir los dos últimos episodios (9 y 10) de esta primera temporada.

La casa llave encierra el misterio

Tres meses después del asesinato del padre (Bill Heck, 'El alienista'), su viuda, Nina (Darby Stanchfield, 'Scandal') y sus tres hijos, Tyler (Connor Jessup, 'American Crime'), Kinsey (Emilia Jones, 'Utopía') y Bode (Jackson Robert Scott, 'IT'), se mudan de Seattle a Matheson [un guiño al escritor de terror Richard Matheson], en Massachusets. Allí les atiende Duncan (Aaron Ashmore), su tío, un cachondo mental que habla sobre sus antepasados nombrándolos como si fueran los personajes de 'Friends'. Los flashbacks irán mostrando qué les ocurrió antes de llegar, quién mató al padre (se sabe desde el principio, pero no el por qué) y los motivos por los que decidieron rehacer su vida allí.

Los chavales no son aprendices de mago ni nada parecido, pero como en 'Harry Potter' deberán aprender a usar ciertos poderes, en este caso a través de unas llaves mágicas que se esconden en la mansión familiar (Key House). De hecho, hay un guiño divertido en el primer episodio cuando en una de las paredes del instituto alguien ha escrito: "No te van a invitar a Howgarts".

Pronto descubren que en la casa, tan imponente como la de Norman Bates, como se oye decir a uno de los personajes [que para eso la showrunner Meredith Averill también lo fue de 'Bates Motel'], se esconden varias llaves que otorgan al que las usa una habilidad fantástica. Una puede cambiarte el aspecto, otra llevarte a donde tú quieras, otra convertirte en fantasma… las posibilidades son infinitas, así que podrían, en este aspecto, firmar todas las temporadas que quieran. Una de las reglas principales de este original thriller es que tanto niños como adultos pueden usar la magia, pero solo los primeros recuerdan que lo hicieron.

El problema, como no podía ser menos, es que los Locke no están solos. La némesis de la historia se llama Dodge (Laysla De Oliveira, 'En la hierba alta'), una suerte de demonio con apariencia femenina (en el cómic es masculina), a la que despiertan de su letargo y de la que deberán protegerse aunque de primeras parezca de fiar (en la serie da mal rollo desde que sale del pozo donde se esconde). Esta villana seductora y letal jugará con ellos (el tono del enfrentamiento es desenfadado y juvenil) para conseguir lo que quiere, la llave más importante, la llave de las llaves, la llave Omega. Como con Thanos y sus gemas del infinito, Dodge necesitará no obstante hacerse antes con todas las llaves.

La serie es un gran homenaje al cine de género, pero sin llegar a la oscuridad de otras ficciones como 'La maldición de Hill House'. Hay un chico llamado Scott, que vende helados de día y de noche ha montado un grupo de inadaptados, que devoran cine de terror y que se hacen llamar Escuadrón Savini, lógicamente por el padre del gore Tom Savini. El pequeño de los Locke, que es el que lo inicia todo porque obviamente es el más curioso, recorre la interminable casa con sus zapatillas con ruedines, en un claro guiño al triciclo de 'El resplandor', obra del papá Stephen King. Además del suspense en sí por saber qué abre esa llave Omega (nada bueno, suponemos) y qué sabía el patriarca de los Locke, la serie está trufada de ingeniosos comentarios y secuencias bastante curradas, como esa en la que la madre se queda atrapada en un armario lleno de espejos al más puro estilo 'La dama de Shangai', de Orson Welles.