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Cansu Dere cumple 41 años: Asya ('Infiel') y otros personajes que la han convertido en la reina del fenómeno turco

Cansu Dere apareció por primera vez en las pantallas españolas el 10 de septiembre de 2018. Lo hacía interpretando a Eysan en 'Ezel', la tercera serie turca en llegar a España de la mano de Nova. Después la veríamos en 'Sila' y 'Madre', convirtiéndose en la reina de Nova gracias a un incuestionable apoyo de la audiencia que elevó ambas historias al ranking de lo más visto de la TDT.

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Ahora Cansu Dere cumple 41 años reinando cada domingo en las noches de Antena 3 encarnando a Asya en ‘Infiel’. Eysan, Sila, Zeynep y Asya han convertido a Cansu Dere en la auténtica reina del fenómeno turco en España.

Asya, la venganza se sirve fría a la hora de la cena

Cansu Dere ha dado el salto a una cadena generalista con uno de esos personajes que no dejan indiferente a nadie. Quienes ya conocíamos a esta exitosa actriz turca y quienes la conocieron con su ya icónico vestido negro de cóctel coinciden en la capacidad y habilidad de Cansu Dere para captar y mantener toda nuestra atención.

Cuando Asya aparece en pantalla todos nos preguntamos cuál será su siguiente paso. Cuál será el rostro que nos muestre. El de la mujer herida, humillada y lastimada por el engaño de su marido. El de la mujer furiosa, decepcionada y desilusionada por quienes consideraba sus amigos. El de la mujer fría, calculadora y estratega que no va a mirar hacia otro lado. El de la mujer asustada, atemorizada y preocupada por el futuro que se le presenta.

Porque todas estas mujeres son Asya. Y, además, Asya consigue romper con los convencionalismos. Sufre, llora, se desespera, pero no se queda agazapada en un rincón. Busca todos los recursos a su alcance para conseguir su objetivo. Aunque eso incluya acostarse con el mejor amigo de su marido y marido de una de sus mejores amigas. Eso sí, teniendo presente que esas relaciones de amistad deberían ir acompañadas del adjetivo "presuntas".

Pero, además, Asya rompe con los límites. Asya no tiene límites, o, mejor dicho, su único límite es su hijo. Hará todo lo que sea necesario para recuperar su dignidad y su dinero, salvo lastimar a Ali.

Y ahí está el punto débil de Asya. Ella no tiene reparos en pasar la noche con Mert. No tiene problemas en provocar un cataclismo familiar en casa de Derin. No tiene remordimientos por utilizar a Nil. No tiene dudas para investigar las cuentas de Volkan.

Pero, ¿qué pasaría si Ali le pidiese que parara? Asya se ha mostrado firme y decidida. En pocos momentos le han temblado el pulso o las piernas a la hora de tomar decisiones, pero Ali es su talón de Aquiles y es el único que puede llegar a desestabilizar su determinación y desarmar su estrategia.

Y ahí está el encanto y atractivo de Asya. Que es impredecible porque es real, es decir, Asya acierta y se equivoca. Toma buenas decisiones como echar a Volkan de su casa y de su vida, pero también toma decisiones cuestionables como aceptar el chantaje de Mert o involucrar en sus asuntos a Nil.

En definitiva, Asya ha destapado la caja de Pandora. Todo ha saltado ya por los aires. Las cartas están sobre la mesa. Ahora son los demás quienes deben actuar. Pero seguro que Asya no nos decepciona con su reacción.

Zeynep, la madre que no miró hacia otro lado

Si admiramos a Asya por su valentía, arrojo y determinación, lo mismo podríamos decir de Zeynep, la madre por elección de la pequeña Melek (Beren Gökyildiz) en ‘Madre’.

Cuando conocimos a Zeynep nos resultó un tanto fría, gélida, pero fue solo la primera impresión o, mejor dicho, el caparazón que la rodeaba. Tal vez a Zeynep le costase exteriorizar sus sentimientos, pero tenía una inmensa capacidad para querer. Y, sobre todo, tenía el valor para hacer lo que había que hacer sin pensar en los riesgos o las consecuencias.

Zeynep no necesitó mucho tiempo para planificar sus acciones. Le bastó sacar a una niña de una bolsa de basura para decidir que tenía que hacer algo. Le bastó ver la mirada angustiada y asustada de esa criatura para decidir que sería su hija. Le bastó ver a esa niña pedir a los pájaros que se la llevaran con ellos para decidir que la secuestraría.

Y los espectadores la aplaudimos sin miramientos. Estaba cometiendo un acto delictivo, pero más delito hubiera sido dejarla con el monstruo de su padrastro. En otras circunstancias nos habríamos horrorizado, pero a Zeynep la encubrimos porque el horror estaba en las circunstancias familiares de la pequeña Melek.

Eso sí, Zeynep también cometió errores. El principal y más repetitivo era confiar en que Cengiz y Sule iban a hacer lo mejor para la pequeña. Una y otra vez, Zeynep se dio cabezazos contra el egoísmo, la avaricia y los celos de los padres de Melek.

Pero Zeynep siempre se mantuvo firme. Melek era su hija. Zeynep eligió ser su madre y Melek eligió ser Turna. Y contra eso nada ni nadie pudo luchar.

Sila, enemiga de la tradición

Mientras que Zeynep eligió libremente convertirse en la madre de Melek, Sila vio como eran otros los que elegían por ella arrebatándole la libertad. Sila era una joven de buena familia de Estambul que, en aras de la tradición y el honor, terminó casada a punta de pistola con un completo desconocido en una recóndita región de la Turquía más profunda y anacrónica.

Pero el mayor problema de Sila no fue casarse con un desconocido. Ni vivir encerrada en una mansión de la que solo podía salir convenientemente acompañada. El mayor problema de Sila vino determinado por una palabra que se ha convertido ya en tradición de las series turcas: la tradición.

Sila se vio obligada a casarse porque la tradición pedía ese matrimonio para evitar la muerte de su hermano. Sila debía vivir encerrada porque la tradición impedía que se divorciara de ese marido, capaz de lo mejor y de lo peor. Sila debía vivir escondida detrás de una legión de guardaespaldas porque la tradición implicaba su muerte por haber abandonado el hogar conyugal.

La auténtica historia de Sila no es su romance con Boran. La verdadera historia de Sila es su relación con esa tradición que le amargó la vida, pero que no mermó su capacidad de lucha. Sila huyó y se escondió cuando fue necesario, pero también le plantó cara a esas normas anacrónicas que solo beneficiaban a unos pocos individuos anclados en el pleistoceno.

La lección de Sila no es su capacidad para perdonar a Boran o su complicidad para convertirse, no solo en un matrimonio, sino en un equipo que lucha unido para ganar el partido más importante: el de su vida, su libertad.

Y Sila y Boran encontraron en la educación el mejor camino para luchar contra su enemigo común.. Y esa es su gran lección: la ignorancia y el desconocimiento se combaten con enseñanza y conocimiento.

Eysan, el enigma constante

Si bien Sila y Zeynep, eran transparentes en su personalidad, Eysan siempre fue toda una incógnita. Nunca conseguimos descubrir cuál de sus múltiples personalidades era la real, la auténtica, la verdadera. ¿Era real la novia de Omer? ¿Era real la que lo traicionó y provocó que acabara en la cárcel por un crimen que no cometió? ¿Era real la hermana de Bahar? ¿Era real la mujer que se casó con Cengiz? ¿Era real la mujer que sedujo a Kenan? ¿Era real la mujer que se enamoró de Ezel?

Porque Eysan era todas esas mujeres y ninguna a la vez. Era la mujer capaz de hacer cualquier cosa por ayudar a su hermana enferma y también la mujer capaz de sostener una relación de apariencias para mantener su posición social y económica. Porque con Eysan nunca sabíamos a qué atenernos. Nunca sabíamos si era la compañera ideal de Ezel o si era la mayor de las maldiciones para él.

Y ese es el gran encanto de Eysan, que es indescifrable. Por muchas veces que hayamos visto 'Ezel', por mucho tiempo que haya pasado, por mucho que reflexionemos sobre ella, siempre nos queda la sensación de que nunca llegamos a entenderla o conocerla porque siempre se guardó una máscara más con la que proteger su verdadero rostro.

La maquiavélica Asya, la dulce Zeynep, la aguerrida Sila y la enigmática Eysan no tienen, a priori, nada en común. Son mujeres con vidas, emociones, experiencias y personalidades total y completamente distintas.

Sin embargo, tienen en común el rostro, los gestos, la expresividad y el talento de Cansu Dere para hacerlas creíbles. Todas ellas le deben a Cansu Dere haberse convertido en personajes icónicos e inolvidables de las series producidas en Turquía y Cansu Dere les debe a todas ellas haberse convertido en la incuestionable reina del fenómeno turco en España.

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