El sexo no se acaba

El sexo no se acaba

Cómo retomar tu vida sexual tras el diagnóstico de una ETS

Mucho se habla de la importancia de prevenir las infecciones de transmisión sexual, o más bien genital, pero poco se dice de qué pasa cuando hemos contraído una.

Ets
Ets | iStock
Silvia C. Carpallo (@SilviaCCarpallo) | Madrid
| 08/11/2018

¿Significa eso el fin de nuestra vida sexual? Ni mucho menos, pero supone adaptar nuevas rutinas y dinámicas en torno a la misma.

Como apuntaba David Rosenthal, director médico del Center for Young Adult, Adolescent and Pediatric HIV en North Shore-LIJ Health System en Great Neck, Nueva York para la CNN, “Los pacientes con VIH pueden tener sexo. Lo importante es que hagan ciertas cosas para disminuir el riesgo de transmisión”. Cabe recordar, que en el caso concreto del VIH, la primera medida es disminuir la carga viral en un paciente, o la cantidad de VIH en la sangre, semen y otros fluidos corporales, siguiendo una terapia antirretroviral, ya que según el experto, “Mientras menor sea la cantidad del virus que circula en el sistema de una persona, menor será la posibilidad de contagiar a alguien más”.

Sin embargo, el VIH es la infección menos común. Tal y como informan desde el Centro Comunitario de VIH/SIDA y otras ITS Adhara, el virus del papiloma humano es la infección más diagnosticada, seguida por el herpes genital, en concreto “herpes simple tipo II, aunque generalmente nunca llegue a tener sintomatología en muchas personas”. Después se encontrarían las infecciones bacterianas como la clamidia, gonorrea o sífilis y por último, se encontrarían virus como los que originan las hepatitis o el virus del VIH.

Hacer esta distinción es importante porque “La reacción del paciente depende en gran medida de la ITS diagnosticada”. En este sentido, hay que señalar que “Existen ITS como el VIH, la Hepatitis B o la sífilis que conllevan unas implicaciones sociales y cronicidad que no tienen otras como la clamidia o la gonorrea”. Sin embargo, en todas ellas, el primer paso para retomar nuestra vida sexual será empezar a tratar la infección lo antes posible con un especialista.

A la hora de asumir el diagnóstico y saber cómo adaptar nuestra vida sexual, el primer consejo es no dejarse llevar por lo primero que encontremos en Internet. “Los resultados de las búsquedas en Google suelen generar ansiedad y exceso de preocupación en la persona que busca. Es muy importante acudir a fuentes fiables para valorar el riesgo real de las prácticas que realizamos o de aquello que nos preocupa”.

Pareja enfadada | iStock

La situación que se suelen encontrar desde Adhara es que “Las personas recién diagnosticadas pasan por un por una fase de baja actividad sexual”. No se trata de un problema físico, sino de la culpa asociada a la infección, por lo que “Es muy importante tratar esta culpa y desmontar los cimientos que la genera”.

Respecto a esta culpa, el primer mito a desmontar es que “Las ITS se producen tanto en personas sin pareja como en personas con relación estable”. La siguiente es tener claro que “nadie se infecta voluntariamente de ninguna ITS al buscar sexo”.

En el caso de no tener una pareja estable, cabe pensar que no solo somos responsables de nuestra salud sexual, también debemos cuidar de las personas con las que nos relacionamos sexualmente. Es por ello que desde Adhara reflexionan que “Una persona recién diagnosticada no está en la obligación de dar dicha información a sus parejas sexuales, aunque sí sería lo recomendable y aconsejable”, ya que así evitará posibles situaciones de riesgo que puedan surgir del desconocimiento. Lo que sí será siempre obligatorio es el uso del preservativo, no solo durante el coito, sino en otras prácticas de riesgo como sexo oral u anal.

Si esto sería aplicable a las parejas ocasionales, en el caso de tener pareja, contárselo es imprescindible puesto que “Es importante que ambos miembros de la pareja se traten, para no entrar en un bucle de reinfección”. Por último, desde Adhara insisten en que “Tanto si se ha tenido una ITS previa o no, la principal herramienta que existe para garantizar nuestra salud sexual es la prueba, recomendándose realizarla una vez al año”.

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