Obras en las que se demoniza el queso, gente a tu alrededor que te dice que es como una bomba de relojería en tu organismo… ¿de verdad es tan malo el queso? Eres consciente de que es un alimento calórico, intentas evitarlo al máximo en tu dieta, pero, ¿por qué tiene tan mala prensa?

Ya hemos abordado en alguna ocasión la cantidad de queso que podrías comer al día sin que tu báscula se resintiese (lo puedes leer aquí), pero hoy vamos más allá. La nutricionista Paloma Quintana nos aclara el tema. “Realmente consumimos más queso que leche, es por ello que, ante el motivo principal por el que hoy se recomienda reducir o eliminar la leche a gran parte de la población que no la tolera, el queso se salva, ya que al ser un alimento fermentado, se tolera mejor, al no tener apenas contenido en latosa, el azúcar natural de la leche que causa molestias a muchas personas”, aclara.

Las razones de su mala prensa tienen que ver con lo que explicábamos en el artículo que mencionamos más arriba: la mala fama de las grasas (y el queso es graso), pero ya sabemos hoy que ese miedo era injustificado, aunque siguen proliferando otros argumentos que también le dejan mal parado: “Hace unos años saltó la noticia de que se trataba de un alimento que provocaba dependencia como las drogas, a causa de una sustancia llamada, casomorfina, con efecto opioide, resultado de la digestión de la caseína, proteína presente en el queso. Personalmente me pareció una noticia sensacionalista. Lo que sí ocurre es que el queso, por esto y por su composición alta en grasa, en combinación con harinas refinadas (como en pizzas, snacks salados y similares), produce una hiperpalatabilidad en ese tipo de productos, que puede generar cierta adicción”, aclara.

Quesos | iStock

Lo que sí es cierto es que puede ser perjudicial para algunas personas (al igual que otros alimentos): “Pero no las que se pueda pensar a primera vista, como las que tienen patologías cardiacas. Lo es para aquellas con problemas intestinales que ya presenten hiperpermeabilidad intestinal, como síndrome de intestino irritable”, añade. “Para la mayoría de personas sanas, el queso es un buen alimento, sobre todo aquellos procedentes de cabra u oveja. Nutricionalmente es uno de los mejores derivados lácteos que se pueden tomar, por detrás del yogur natural y el kéfir”.

El problema no es tanto el queso en sí, sino la infinidad de productos que parecen quesos pero que no lo son. “Para elegir bien, lee ingredientes, el mejor queso es aquel que únicamente presenta en su composición leche, fermentos lácteos y sal. Como he mencionado, preferentemente de cabra y oveja, y graso, en el momento en que presenta el adjetivo "desnatado" o light, deja de ser verdaderamente queso”.

En definitiva, queso sí, por mucho que te hablen mal de él. Pero siguiendo las anteriores premisas: “No debe ser un alimento base en tu dieta, por su aporte calórico básicamente, pero sí un buen complemento”, finaliza Quintana.

O sea, que puede que el quesito de turno te pueda parecer una excelente opción para la merienda de tu niño (o la tuya), pero es mejor que le pongas un trozo de queso curado o semicurado. Sin duda.