[Esta entrada CONTIENE SPOILERS de la serie 'Watchmen' incluido su final].

Si a Tony Soprano le dejamos masticando unos aros de cebolla mientras esperaba a su hija en un restaurante al final de 'Los Soprano', en 'Watchmen' tenemos a Angela Abar ingiriendo un huevo antes de intentar caminar sobre el agua de su piscina. Este nuevo fundido a negro de la adaptación del cómic de HBO podría dejar abierta la puerta a una segunda temporada en la que Angela (Regina King) fuese Hermana Noche, una superheroína negra, ahora, con poderes. "Nada termina nunca", decía el propio cómic. Pero Damon Lindelof ya se ha apresurado a confirmar que no quiere meter la pata como lo hizo con 'Perdidos'. Su adaptación es una carta de amor al original, lo que surgiera a partir de ahora nada tendría que ver con aquello, serían vigilantes independientes interpretados por otros actores. Y pone como ejemplos franquicias al estilo 'True Detective' y 'Fargo'. De hacerlo, dice, tendría que estar sobradamente justificada la vuelta. Que lo haga mejor o peor, eso ya es otro tema. Pero sí es cierto que de dejarlo aquí esta 'Watchmen' funciona como miniserie perfecta para rematar la icónica novela gráfica de Alan Moore (siempre reacio a las versiones no sabemos qué pensará finalmente de este ambicioso intento).

Los fans de 'Perdidos' se habrán acordado de Jacob, el enigmático protector de la isla. Es inevitable el paralelismo de este personaje inmortal con el Doctor Manhattan. Ambos podían ver el futuro y controlar ciertos eventos. Lindelof seguramente se inspirase en el ser azul para recrear al semidios lostiano, y en 'Watchmen' retoma la idea de ese ser superior que va contactando con aquellos a los que necesita en el futuro para un bien mucho mayor. Hasta el octavo episodio no se revela quién es el Doctor Manhattan, y aún así no logramos ver su cara. Su madre los abandonó de crío cuando se fue con un soldado de las SS, un nazi, y su padre y él se refugiaron en una mansión que luego el futuro dios duplicaría en el espacio.

El guion opta por los saltos en el tiempo para definir su insólita relación de amor con Angela que comienza cuando ella elige el envoltorio del nuevo Manhattan, que pasa a ser un tipo musculado negro, futuro padre de sus hijos adoptados que olvidará quién es –gracias a un artefacto inventado por Ozymandias– con tal de no provocar la ruptura entre ellos. Porque el don del doctor que lo sabe todo, es al mismo tiempo su mayor desgracia. Este flechazo inexplicable (nos lo tragamos sin más) es, en realidad, el origen de los más importantes acontecimientos futuros. Porque todo tiene que ver con el personaje más secreto de la serie. Es cierto que Ozymandias evitó una guerra nuclear inventándose pulpos extraterrestres o que hay unos policías encapuchados que detienen a supremacistas racistas también bajo una máscara. Son subtramas imprescindibles para llegar al meollo del asunto.

El doctor envía a Ozymandias bien lejos, a aquella mansión inventada, para que se harte de clonar, para que no encuentre a un adversario a su altura y vea en su propia hija, fruto de una fecundación in vitro a las bravas de una refugiada vietnamita, a su némesis final. ¿Cómo se la carga? Con esos pulpitos congelados que caen como bombas del cielo. Por otro lado, Angela odia al doctor porque indirectamente por su culpa sus padres fueron asesinados. Manhattan busca a su abuelo Will para lograr una alianza que acabe con el Séptimo de Caballería y es la propia Angela la que le da la pista sobre uno de sus líderes (interpretado por Don Johnson). La clave definitiva para el bando contrario la da el propio Manhattan cuando teletransporta a uno de los racistas durante el ataque de estos a su casa. El doctor sabe que su vida correrá peligro, que morirá, y cuando llega el momento parece no querer evitarlo. Si mata a los racistas es para defender a Angela, a la que rodean, pero finalmente se deja teletransportar.

En la última secuencia de acción se enfrentan el senador, que aspira a suceder al presidente Robert Redford, que se desnuda mostrando unos ridículos calzones vintage, contra la narcisista hija de Ozymandias, dispuesta a hacerse con los poderes divinos delante de todos los jefazos de la organización. Ella lo licua directamente, poco dura, y aunque no logra hacerse con el poder, el Doctor Manhattan muere como había predicho, dejando a Angela a su lado porque no quería extinguirse solo. Y recuerda en uno solo todos los momentos en los que estuvieron juntos. Siempre el amor en las historias de Lindelof (leáse 'The Leftovers'). ¿Y esto es todo? ¿El ser inmortal muere, por qué no hace nada para impedirlo, dónde van sus poderes?

Una última escena nos hace olvidarlo pronto. Volvemos al origen. El abuelo de Angela sentado en el mismo cine en el que comenzó todo. Donde se inspiró para convertirse en Justicia Encapuchada. Con la capucha sentía ira, dice Angela; para su abuelo era miedo, dolor. "No puedes sanar tras la máscara" y así parece comenzar una nueva etapa. Ya en casa, reunida la familia, Will deja caer un pensamiento que se hace el espectador. El doctor "pudo haber hecho más". Y resulta que, tal vez, lo hizo, que sus poderes están en ese huevo que no se rompió. El mismo huevo que se come Angela. Es lo que tienen las paradojas, ya lo vimos con Hodor aguantando la puerta en 'Juego de Tronos'. El huevo siempre ha estado ahí, desde aquella vez que lo vimos con forma de smile cuando Angela batía huevos en la clase de su hijo. Solo Angela podría cambiar las cosas, no el Doctor Manhattan, un tipo más bien pasivo, que necesita que ella le diga lo que tiene que hacer, que hace lo imposible por desembarazarse de su poder, porque mientras ese poder exista será perseguido.

La 'Watchmen' de HBO ha conseguido semana a semana mantenernos expectantes con cada uno de los episodios, especialmente los dedicados al personaje de Jeremy Irons y sus clones, al qué fue de los Minutemen y la larga conversación de bar sobre el Doctor Manhattan. Su mayor baza ha sido la de devolver a la vida de una forma respetuosa y bastante auténtica a personajes icónicos de un cómic intocable, en una época actual en la que hay un resurgimiento de la xenofobia. Y haciendo gala de valientes decisiones como poner al frente a una actriz negra de casi 50 años o convertir al Doctor Manhattan y a Justicia Capucha en personajes negros.

Aunque ha sido una serie redonda en su conjunto, incluyendo su final, ha pecado al intentar tenerlo todo demasiado bien atado, tal vez para que no ocurriera como con 'Perdidos', lo que ha provocado alguna redundancia en las escenas, larguísimas exposiciones sobre lo que acontecía y monólogos explícitos que parecían querer ayudar al espectador despistado con las referencias. La serie deja en el aire anécdotas como quién fue el Lube Man, aquel ¿alienígena? metalizado que sale corriendo perseguido por Angela (según un microsite de HBO en EE UU, hbo.com/peteypedia, se escondería el agente del FBI y fan de los superhéroes, Dale Petey), o contarnos más sobre la infancia de la hija de Ozymandias hasta convertirse en una mujer de éxito o quien se escondía tras el pasamontañas rojo del colega de Angela. Tal vez se cuenten en próximas entregas, aunque si 'Watchmen' no continúa quedará en la memoria como la miniserie perfecta.