Récord del mundo

Diego Poncelet nos desvela los trucos de su récord mundial de velocidad en monopatín a 151,83 km/h: "¡Hostia, voy rapidísimo!"

Antena 3 Deportes ha estado con el plusmarquista mundial de downhill skateboard, que pulverizó el récord del mundo con 151,83 km/h. Lejos del ruido de las cifras, nos citamos con el skater mallorquín, Diego Poncelet, para entender qué pasaba por su mente cuando su cuerpo se convirtió en un ala de pájaro y cuál es la tecnología detrás de este hito.

Diego Poncelet, en la entrevista con Antena 3 Deportes

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Le pedimos que cierre los ojos. Solo unos segundos. Enfrente, Diego Poncelet sonríe y obedece. Queremos que vuelva allí, a esa recta interminable de 600 metros al 18% de desnivel en Les Éboulements (Canadá) donde el pasado 22 de septiembre superó cualquier límite conocido sobre una tabla de skate: 151,83 kilómetros por hora, sin motor, sin frenos y donde solo cuenta con tres metros de visibilidad por delante. A esa velocidad, es como volar a ciegas: "Mi cerebro intenta completar con la memoria de la bajada lo que los ojos no pueden ver", nos confiesa con los párpados cerrados.

"Mi mente extiende esa visión. De vez en cuando, con un bache, el cuerpo se levanta un poco y ahí veo algo más, pero la sensación es tan potente que todavía estoy intentando volver a sentirla", indica ante la cámara de Antena 3 Deportes.

Diego es un deportista reflexivo, meticuloso y casi tímido que de niño soñaba con ser campeón del mundo de Fórmula 1. Aquella obsesión infantil por la aerodinámica y la ingeniería de carreras se cruzó a los 14 años con la rebeldía del monopatín. El resultado es una disciplina milimétrica donde el chasis no es de fibra de carbono, sino de carne y hueso.

Meditación a toda velocidad

Durante la entrevista, Diego nos desarma con una definición que pocos esperarían de un descenso a velocidad de autopista: para él, bajar a 150 km/h es una "meditación de altas consecuencias". "En realidad no piensas en gran cosa, todo ocurre en tu inconsciente", nos relata gesticulando suavemente.

"Si las cosas van bien, el viento se convierte en tu mejor amigo, fluye alrededor tuyo y sientes una presencia increíble con el entorno. Tienes que dejarte llevar", explica el doble campeón del mundo de Downhill Skateboarding (2022 y 2023).

El verdadero pánico, nos revela, no llega mientras estás compactado en posición de huevo cortando el aire, sino cuando toca frenar. Levantarse de golpe supondría salir despedido: "Sentía: '¡Hostia, voy rapidísimo!'. Es como sacar la mano por la ventanilla del coche en la autopista, pero con todo el cuerpo".

"Mi cuerpo es la carrocería"

En un momento de nuestro encuentro, le pedimos que nos enseñe el material. Diego no tarda en subirse a la tabla para recrear ante nosotros la postura que perfeccionó durante horas en el túnel de viento de Ginebra. Verlo en directo impresiona: esconde la pierna trasera milimétricamente detrás de la delantera, encaja las manos a la espalda y pega el cuello directamente a la rodilla. Es literalmente un cuerpo doblado en dos. A su alrededor descansan las piezas de este puzle aeroespacial: el carenado de carbono que tapa las ruedas para penetrar el viento, las zapatillas asimétricas y los guantes diseñados a medida por Prada Linea Rossa y un casco elegido tras testar más de 30 prototipos.

"La carrocería es nuestro propio cuerpo", nos señala mientras aguanta la posición. "A esa velocidad, si me muevo solo dos centímetros o levanto la cabeza un poco, el viento me arranca y salgo volando".

El pacto invisible con Pete Connolly

Pero detrás de los túneles de viento, los trajes aerodinámicos y la ciencia milimétrica, también afloró la primera razón por la que Diego no se conformó con los 146,88 km/h que marcó el primer día de pruebas. Aquella marca ya era récord del mundo, pero él decidió esperar cinco días más en Canadá a que el viento cambiara. Había una deuda moral pendiente con Pete Connolly, el mítico rider británico que ostentaba el récord anterior (146,73km/h) en esa misma colina y que falleció de cáncer antes de poder intentar la barrera mítica de los 150.

"Pete era el único que creía que los 150 km/h eran posibles. Cuando le dije que yo también lo creía, me dio consejos y una motivación increíble", nos cuenta con brillo en los ojos.

"El que me hace los cascos y las piezas aerodinámicas era el mejor amigo de Pete. Durante todo el proyecto nos estuvimos escribiendo mucho con su mujer; ellos estaban muy emocionados de que Pete estuviera dentro de esto. Me habría encantado que estuviera allí para verlo, pero en esa recta sentimos su presencia", describe Diego Poncelet a Antena 3 Deportes.

Al despedirnos, le preguntamos qué le diría hoy al Diego de 14 años, a aquel chaval introvertido y con poca confianza que empezaba a rodar por las calles. Diego sonríe y concluye con la calma de quien ha tocado el límite del viento: "No le diría absolutamente nada. Si le dijera algo, a lo mejor cambiaría el curso de las cosas. Que se las arregle él solo y que disfrute del camino". Un camino que Diego Poncelet es ya el hombre más rápido del planeta en recorrer sobre su monopatín.

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