De Michel Brown habría otros muchos personajes de los que hablar. De Pablo de 'Te voy a enseñar a querer', donde coincidió con su anterior "cuñada", Danna García. Del Diego de 'Amores de mercado', coprotagonizada con su otra "cuñada" Paola Rey. Del Ángel de 'Madre luna', junto a Arap Bethke. De aquel profesor de la recordada 'Física o química'.

Pero el destino, la casualidad, los guionistas o los programadores han querido que los dos Reyes de su currículum coincidan cada tarde en Nova, así que conozcamos un poco mejor a Franco Reyes y a Jacobo Reyes.

Franco, el gavilán más discreto

Franco no era solo el más joven de los hermanos Reyes, sino que también era el más discreto. No tenía ni el temperamento de Juan ni la ambición de Óscar. En más de una ocasión fue la voz de la sensatez y el sentido común.

Sin embargo, Franco tenía un punto débil. Había un elemento que conseguía que se desestabilizara, que actuara sin pensar, sin reflexionar. Y ese factor desestabilizador tenía nombre de mujer: Rosario Montes. Cuando Rosario se subía a la barra para cantar aquello de ¿Quién es ese hombre? Y miraba fijamente a Franco, el menor de los Reyes se perdía por completo.

Daba igual que sus hermanos intentaran arrastrarlo fuera del bar Alcalá y alejarlo de aquella mujer. Daba igual que ella lo dejara atrás una y otra vez por su ambición. Daba igual que Armando y sus hombres estuvieran siempre alerta para mantenerlo a distancia. Franco siempre regresaba.

Pero no fue su relación con Rosario el único dolor de cabeza que provocó a sus hermanos. Su boda con doña Eduvina sigue siendo años después y varias reposiciones después un auténtico sinsentido. Es cierto que Franco fue respetuoso con su breve esposa, pero fue una decisión tan inesperada como sorprendente.

Eso sí, esa decisión de Franco supuso un soplo de aire fresco para los Reyes porque les permitió obtener una posición económica y social desde la que reaccionar mejor a todos los problemas que sus respectivas relaciones con las Elizondo les causaban. De hecho, hubo un momento en el que la hacienda Trueba parecía un hostal a base de dar cobijo y alojamiento a todos los expulsados de la hacienda Elizondo.

Sin embargo, después de Rosario y Eduvina, a Franco aún le quedaba por vivir un romance más. El más recordado y el más intenso. Y, ¿por qué no decirlo? El que más se hizo esperar de todo los que nos regaló 'Pasión de gavilanes': su relación con Sarita, la más fría, imperturbable, intransigente, distante e inaccesible de las hermanas Elizondo.

Todos sabíamos desde casi el primer capítulo que Franco y Sarita estaban destinados a encontrarse, pero el guion nos hizo esperar más de un centenar de capítulos para ver esas esperadas escenas porque su relación se cocinó a fuego (muy) lento.

Fue necesario añadir cada ingrediente en el momento justo: el desencanto de Franco hacia Rosario por las continuas decepciones, el reconocimiento de Sarita de que los Reyes eran lo mejor que pasó por su hacienda…

Pero cuando se miraron sin rencor ni desconfianza, cuando descubrieron que juntos solucionaban mejor los problemas, cuando comprendieron que se necesitaban, se convirtieron en una de las parejas más recordadas de ‘Pasión de gavilanes’ porque, sin duda, su historia fue diferente. Y eso, en un género como el de las telenovelas, tiene mucho mérito.

León Carvajal + Chino Valdés = Jacobo Reyes

Ahora Michel Brown regresa con un personaje complejo en tanto que integra a tres personalidades distintas. Por un lado, su cuerpo es el del sicario Chino Valdés. Por otro lado, su carácter es el de León Carvajal, un magnate millonario. Y de la conjunción de ambos ha resultado Jacobo Reyes, el chófer de la familia Carvajal, amante de la viuda de México y consejero de los herederos del emporio empresarial.

Sin duda, el arranque de este personaje es mucho más intenso que el de Franco Reyes ya que ha vivido una experiencia completa y absolutamente sobrenatural. Ha muerto y ha resucitado en el cuerpo de otro individuo, es decir, ha transmigrado (dice la RAE: “pasar de un cuerpo a otro, según opinan quienes creen en la metempsícosis”).

Y si eso ya es complicado de digerir, encima cuando regresa a su hogar se encuentra con que solo lo “reconocen” su mejor amigo, que por algo es experto en temas del “más allá”, y su perro. Y, además, descubre que lo que él creía que era una vida idílica con una mujer perfecta y una familia maravillosa no era más que un escenario de cartón piedra pegado a base de mentiras.

Pero, aunque el planteamiento de los personajes sea completamente opuesto, si profundizamos un poco Franco y Jacobo tienen más cosas en común de lo que puede parecer.

En primer lugar, los conocemos en el momento más doloroso de sus vidas. A Franco cuando pierde a su hermana Libia. A Jacobo cuando intenta recuperar su vida como León y descubre la cruda realidad.

En segundo lugar, los dos planean una venganza. Franco acude con sus hermanos a la hacienda Elizondo con el objetivo de vengar la muerte de su hermana y Jacobo vuelve a su hogar con esperanza pero los acontecimientos lo obligan a cambiar su objetivo. Ahora quiere vengarse de aquellos que lo traicionaron y le arrebataron su vida.

Está claro que Jacobo no va a perder ni una sola oportunidad para cobrarle a Johnny su traición, sus mentiras, su engaño porque simplemente el perfecto hombre de confianza ha resultado no ser de tanta confianza.

Es interesante ver cómo estos dos machos alfa intentan marcar el territorio cada vez que se cruzan. Jacobo disfruta desconcertando a Johnny, recordándole siempre que puede que es Lucía quien toma las decisiones, insinuándole que él es mucho más que el chófer.

Johnny lo tenía todo calculado para quedarse con la chica y la fortuna, pero en sus planes no entraba ese recién llegado que no se deja amilanar por los comentarios del aspirante a señor de la casa. Y se desespera comprobando que el chófer cada día tiene más presencia en la vida de los Carvajal y, sobre todo, en la de Lucía. Y eso que aún no sabe lo estrecha, próxima, cercana e íntima que es la relación entre la señora de la casa y el chófer.

Pero, ¿qué pasará con Lucía? Es cierto que a León le puede la rabia y que quiere hacerle pagar todos sus embustes, pero, vista la química y el feeling que hay entre Jacobo y la viuda de México, ¿será capaz de cumplir sus planes? ¿De verdad podrá Jacobo dejar a un lado sus emociones y sus sentimientos y destrozar a esa mujer a la que tanto quiso (o quiere)? Franco fue capaz de dejar atrás a Rosario cuando comprendió que le hacía más mal que bien, ¿podrá Jacobo hacer lo mismo? ¿Será Lucía una nueva Rosario o podrá redimirse de sus errores ante ese hombre que ha llegado para alterar todos sus planes?

Tal vez Johnny y Lucía sean el centro de atención de Jacobo, pero el chófer tampoco pierde de vista que la vida (o la muerte) le ha dado una segunda oportunidad para rectificar los errores cometidos con sus hijos. Para acercarse a Guille, escucharlo y conocer cómo es en realidad. Para proteger a Valentina, consolarla y evitar que siga cayendo en el abismo del alcohol.

Y, desde luego, en algún momento tendrá que prestar atención a Eva si es que consigue descubrir a tiempo que está inmersa en un juego mucho más peligroso de lo que ella imagina. ¿Conseguirá evitar que el Alacrán esparza su veneno en el entorno de los Carvajal?

Y todo esto, con la duda permanente de por qué la muerte lo eligió a él para vivir esa segunda oportunidad y con la incertidumbre de las consecuencias físicas y mentales que esa trasmigración puede provocar.

En definitiva, de Franco ya conocemos su historia a la perfección, pero, aun así, la seguimos repasando cada vez que surge la oportunidad. Jacobo es todavía un libro que acabamos de abrir y nos queda mucho por descubrir. Franco y Jacobo. Jacobo y Franco. Dos personajes inolvidables de un actor imposible de olvidar.