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Bebidas energéticas: llamativas pero nada saludables

Colores llamativos, envases innovadores, publicidad exitosa, las (mal llamadas) bebidas energéticas llevan varios años entre nosotros y tienen una gran comunidad de adeptos, la mayoría adolescentes.

Bebidas energéticas: llamativas pero nada saludables

iStock Bebidas energéticas: llamativas pero nada saludables

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Casi el 70% de los jóvenes entre 10 y 18 años las consumen. Un 12% como consumo “crónico”, más de siete litros al mes. Si os parece tremendo, esperad a leer que casi un 20% de los niños entre tres y diez años también las consume. ¿Cuál es su éxito? ¿Deberían prohibirse aquí para menores como se ha hecho en otros países europeos? Analicemos este producto.

Nos dicen que valen para casi todo: si vas a hacer deporte, si necesitas energía extra para estudiar, si sales de marcha, si tienes sueño... Os hago un spoiler: no, no las necesitamos para nada de eso, pero la exitosa publicidad de estas bebidas nos induce a pensar que sin ellas no vamos a llegar a todo lo que nos requiere el día a día. Nada más lejos de la realidad, pero ya está insertado en nuestro cerebro.

¿De qué están compuestas estas bebidas?

Taurina, L-carnitina… son compuestos a los que, a día de hoy, no se le pueden atribuir propiedades beneficiosas en recuperación o mejora de la función cognitiva. ¿Entonces? Seguimos. Vitaminas del grupo B, es cierto que algunas de ellas tienen ese reclamo para poder poner ciertos beneficios autorizados por la EFSA pero es que la cantidad que tienen es mucho menor a la que podemos obtener en alimentos.

Si las vitaminas y la taurina no sirven, ¿por qué nos hacen sentir que recuperamos la energía perdida?

Aquí está la clave, la cafeína y el azúcar. La cafeína es una sustancia estimulante, ayuda a mejorar la concentración, es diurética, aumenta la cantidad de ácido en el estómago y nos mantiene alerta. Como ingrediente activo que es, tiene dosis máximas para evitar que los efectos sean tóxicos. Podemos tomar hasta cinco cafés a lo largo del día sin que suponga un problema, nuestro cuerpo irá poco a poco metabolizando esta cafeína sin que provoque toxicidad. En cambio, en estas bebidas estimulantes, la cafeína está en dosis más altas que en un café. Tomando dos latas estaríamos superando la cantidad recomendada de una vez, nuestro cuerpo sufre un “chute” disparado de cafeína que tiene que metabolizar lo más rápido que pueda.

Latas
Latas | iStock

Añadimos a esto que no por tomar más cafeína vamos a estar más concentrados ni más despiertos ni más activos. Lo único que estaremos es saturados de cafeína. Con 75 mg es suficiente para mejorar la atención. En estas bebidas en las que los envases son de 500 ml, llegamos a más del doble (160 mg) de una sola vez. No estamos mejorando nada y sí nos podemos encontrar con efectos secundarios. Y no son pocos:

- Insomnio

- Náuseas

- Alteraciones del sueño

- Dificultad en la concentración (vaya, justo lo que queríamos mejorar)

- Dolor de cabeza

- Irritabilidad

Con esto ya tendríamos suficientes argumentos para necesitar una protección de estas bebidas a los niños, adolescentes y, si me apuras, ancianos y, obviamente, embarazadas. Pero no queda ahí la cosa, es que tienen un ingrediente extra más, el azúcar. Pero no cualquier cantidad de azúcar, el triple de lo recomendado por la OMS en el total de la ingesta de un día entero. Y esto en una única lata de este producto.

Diabetes, obesidad, caries, enfermedades cardiovasculares… ya no es novedad para nadie los efectos que tiene el azúcar añadido. Quizá por eso estas bebidas han sacado su versión 0%. Como si eso fuera a mejorar algo. Volved a leer la frase “con esto -la cafeína- ya tendríamos suficientes argumentos”. El azúcar es un extra, sin él, el producto no es mejor.

“Pero a mí me funciona”. Claro que sí, en el momento, pero después es peor, atentos:

Cuando la sobredosis de cafeína y azúcar llega a tu sangre provoca un “subidón”. Hay que metabolizar esa cafeína y quitar tanta cantidad de azúcar en sangre. Para ello tenemos a la insulina que se llevará el azúcar a los tejidos donde se transformará en grasa para poderlo almacenar mejor. Con tanta cantidad de las dos cosas el cuerpo se pone a funcionar a tope así que en poco tiempo aquello estará limpio de nuevo con el consiguiente “bajón”. Bajón que asimilamos como “necesito otro, que estoy cansado”. Y así entramos en un bucle sin fin de necesidad de este tipo de bebidas una y otra vez.

Ahora imaginad esto en niños y adolescentes, durante años. La deducción sobre si es necesario protegerlos se hace sola.

Ahora ya tenéis la información, en vuestra mano está la decisión.

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