Siempre resulta impactante la transformación del entorno en las ficciones distópicas. Si en la mítica 'La fuga de Logan', Washington era poco menos que la jungla, en 'La Valla', creada por Daniel Écija, Madrid se divide en dos, siendo el sector de los desfavorecidos el que visualmente resulta más chocante pues parecen refugiados en su propio país. 25 años después de la III Guerra Mundial, los pobres no tienen derechos y la élite hace lo que le da la gana. Un estado totalitario se ha instalado en las calles, algunas desiertas como el paseo de la Castellana. Los carteles empapelan cada esquina, la propaganda de guerrilla más efectiva. Y una mujer a lo 'Blade Runner' recuerda a través de una enorme pantalla las prohibiciones que se deben acatar (como no formar grupos en la calle, algo que recuerda a los años franquistas). El toque de queda se une al nulo acceso a los móviles y a la desaparición de los canales de televisión. "El gobierno te protege" se insiste en grandes letreros, mientras sobrevuelan los drones y el Reina Sofía pasa a llamarse el Museo Nacional Nueva España.

Emilia, el personaje de Ángela Molina, resume la situación en un speech que pone los pelos de punta. Ella, que ha acogido en su humilde casa a parte de su familia le cuenta a su nieta Marta (con los mismos ojos inocentes que el espectador), qué ocurrió para llegar a una situación tan límite. Algo que no nos suena tan desconocido (la valla, cual muro entre México y EEUU). La Tierra es un planeta enfermo, en el que proliferaron las enfermedades sin cura. Los gobiernos totalitarios se hicieron fuertes y en nombre de la seguridad nos quitaron la libertad. Esta abuela es consciente de la gravedad del momento, disimula ante su vecina Begoña, que simboliza al peor de los enemigos, el que te sonríe mientras te apuñala por la espalda, una espía que pondrá en peligro la seguridad de los protagonistas.

Además del detallismo de las localizaciones y en el vestuario (muy en sintonía a otras distopías como 'El cuento de la criada'), 'La Valla' cuenta con dos puntos fuertes que atraparán al espectador: la empatía que logran transmitir sus personajes (por sus soberbias actrices especialmente) y las dos tramas que, aunque paralelas, se cruzan para acentuar el ritmo frenético. Es en Julia, el personaje de Olivia Molina, donde recae gran peso de la acción, con el secuestro de su sobrina y el asesinato de un poderoso militar durante una orgía con menores en el que se ve involucrada. En la aventura en la que se podrían jugar la vida, esta mujer, junto al que es su cuñado, Hugo (Unax Ugalde), deberá engañar al sistema, infiltrarse cual caballo de Troya en el sector que les está prohibido.

Y qué decir de los villanos, los hay a pares. Desde los más "ligeros", esos implacables policías que inspeccionan el autobús en el que llega el cuñado desde Asturias y evitan que un enfermo pueda entrar en Madrid, expulsándolo de la fila, a los siniestros militares cuyos uniformes recuerdan a las SS. Pero si la maldad se escribe con mayúsculas es a través de los que gozan con el dolor ajeno. El joven niño rico que ofrece el tocino del jamón a Hugo, como hacían los profesores con la piel de las naranjas en la Irlanda más pobre (en 'Las cenizas de Ángela' se contó estupendamente). O esa ama de llaves que parece la perversa Rebeca de Hitchcock. Pero la que se lleva la palma es la señora de la casa donde Julia y Hugo van a servir de incógnito. Pérfida como ella sola, posee un razonamiento religioso de la vida y la muerte tan mezquino que resulta sobrecogedor. Es lo más parecido a un científico loco de cómic pero vestido de Dior, cuyo objetivo es encontrar el antídoto al virus aunque sea lo último que haga.

Como ya nos mostró 'Los hijos de los hombres' y, especialmente, 'Years and Years' lo que está por venir no augura nada bueno. 'La Valla' da miedo porque muchas de las cosas que nos cuenta han dejado de ser una distopía y se han convertido en amenazas reales (tal vez en esto haya llegado un pelín tarde). Que vayan a escasear los recursos naturales ya es un hecho, como que se puedan imponer dictaduras y que los privilegiados se aferren a su confortable estilo de vida obviando las necesidades ajenas. 'La Valla' huye de la confrontación política pura y dura, en inicio no es lo importante, y se centra en las miserias de una familia en concreto. Los héroes de 'La Valla', es cierto, son aquellos que se rebelan porque les han tocado algo suyo. Tal vez, esta familia no hubiera movido un dedo si no secuestran a un miembro de su familia. Y esto también da qué pensar. Luchar por la justicia social, por vivir en democracia, por la libertad… debería estar en nuestro ADN. En 'La Valla' se expone todo esto y nunca está de más que una serie nos recuerde que la realidad, efectivamente, supera a la ficción.

El primer capítulo de 'La Valla' ya está disponible en ATRESplayer Premium