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'Paramparça': 5 razones para cruzarnos con la nueva apuesta turca de Nova

Hay veces en que las casualidades y/o los detalles hacen que todo cambie. Es lo que sucede en ‘Paramparça’, la nueva apuesta turca de Nova. Una casualidad: dos mujeres dan a luz a dos niñas en el mismo hospital a la misma hora el mismo día. Un detalle: sus apellidos solo se diferencien por una letra. Ambas circunstancias aparentemente sin importancia han provocado en este caso un auténtico cataclismo del que aun solo somos capaces de ver las primeras consecuencias, pero que apunta que serán devastadoras para el quinteto protagonista de esta historia.

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Hazal, inconforme por naturaleza

La primera gran damnificada de la confusión de las enfermeras fue Hazal (Alina Boz). La niña destinada a crecer en una cuna de oro rodeada de lujos, comodidades y caprichos acabó viviendo en un humilde barrio con las liras justas y necesarias para lo imprescindible. Eso sí, tuvo la fortuna de contar con una madre dispuesta a trabajar hasta la extenuación para darle todo cuanto necesita, pero para Hazal nada es suficiente.

Hazal no se conforma con tener sus necesidades básicas cubiertas y con ver a su madre agotada cada noche. No. Hazal quiere más. Hazal quiere un móvil última generación y vestidos, zapatos y bolsos con las etiquetas de sus marcas bien visibles. Y que no sean del gran bazar, sino originales.

Es como si en su interior Hazal sintiera que no encaja en el lugar que ocupa. Que está fuera de sitio. Que ella debería ser como esas compañeras a las que tanto desea parecerse.

Ella querría poder tener una tarjeta con la que pagar todos sus caprichos y no depender de una madre que parece tener más la función de cajero automático que de educación, cuidado y amor.

Falta poco para que el gran sueño de Hazal se haga realidad. El error del intercambio de bebés ya ha sido descubierto y solo es cuestión de tiempo que su familia biológica (y todo su potencial económico) llamen a su puerta.

¿Les cerrará la puerta para quedarse con esa madre que ha pasado mil y un problemas para educarla o la abrirá de par en par para irse con ellos sin mirar atrás?

Cansu, el origen de la revelación

Quien tampoco se siente demasiado cómoda en la posición que las enfermeras le otorgaron es la otra parte de la moneda: Cansu (Leyla Tanlar).

A ella tampoco le han faltado cariño, atenciones y mimos y, además, ha contado con todos los privilegios de la holgada posición económica de su familia.

Eso sí, también ha habido sombras en su vida de princesa de cuento. Es cierto que la han querido, pero también ha sentido la incesante presión de verse obligada a ser una ganadora, la primera en todo, la mejor siempre. Su “madre” dice quererla y no somos nadie para juzgar la intensidad de sus sentimientos maternales, pero su actitud, frialdad y nivel de exigencia generan muchas dudas.

Cansu ya ha pedido disculpas por no ser la hija que Dilara deseaba haber tenido, ¿qué pasará cuando sepa que, en realidad, no es esa hija? ¿Preferirá perder todas las ventajas con las que se ha criado a cambio de vivir con una madre atenta y cariñosa con un listón de perfección mucho más asequible?

Gülseren, la parte débil de la ecuación

El accidente de Cansu provocó que toda la confusión saliera a la luz, pero años atrás el accidente de su Gülseren (Nurgül Yeşilçay) fue el origen de este caos. Nada de todo esto hubiera sucedido si Gülseren no hubiese sido atropellada y acabase dando a luz en una clínica privada en vez de en su hospital de referencia.

Gülseren es un personaje que, por ahora, provoca simpatía. Hemos conocido a una mujer que trabaja desde primera hora de la mañana a última hora de la noche, ya sea como dependienta en una tienda de cortinas ya sea como solícita ama de casa. Y en ambos trabajos debe hacer frente a problemas extra-laborales. En la tienda a un jefe que no cede ni medio centímetro a sus exigencias patronales y en casa a esa cuñada que no sabe cómo librarse de ella.

Es curioso. Tanto su cuñada como las vecinas hablan mal de Gülseren, pero nosotros no hemos visto nada que sea reprobable. ¿Cuál es el pecado o error tan grave que cometió para tener tan mala fama? ¿Trabajar para sacar adelante a su hija? ¿Ser abandonada por su esposo?

Y hablando de su esposo, ¿por qué es su cuñada quieren recibe las suculentas remesas económicas y no Gülseren y Hazal?

Gülseren se esfuerza por cambiar las cosas. Intenta encontrar una nueva casa y trabaja incansablemente, pero las cuentas siguen sin salirle.

Eso sí. Ahora sí van a cambiar las cosas, pero todo parece indicar que el cambio no va a favorecer a Gülseren. Al choque emocional de saber que ha criado y querido a una niña que no es su hija, se va a sumar el golpe de tener que competir con las escasas liras que guarda en su cartera con el arsenal de tarjetas de los Gürpinar.

¿Cómo afrontará Gülseren la tentación que supondrá la nueva familia para Hazal? ¿Qué sentirá al reencontrarse con Cansu?

Dilara, todo debe ser perfecto

Frente a una Gülseren que intenta compensar con cariño las carencias materiales de Hazal, Dilara (Ebru Özkan) tiene otras prioridades. Seguro que quiere a Cansu, pero tiene una peculiar forma de demostrarlo.

Dilara quiere a su hija, pero quiere a la mejor hija. Y eso implica que la medalla de plata, la segunda posición o un papel secundario no son una opción. Cansu debe esforzarse más y más y más para cumplir las expectativas.

Y es esa actitud fría, distante, soberbia, altiva y exigente la que nos pone en alerta sobre la personalidad de Dilara. Si no es capaz de tolerar un mínimo fallo humano de su hija, ¿qué será capaz de hacer cuando tenga que enfrentar su nueva realidad?

Por ahora, ha optado por la estrategia del avestruz. No quiere escuchar aquello que no le gusta. Ha intentado activar una especie de bloqueo como si el hecho de no darse por enterada supusiese que la realidad no es real.

¿Cuál será su actitud a partir de ahora? ¿Volverá aún más gélida su relación con Cansu ahora que sabe que no es su hija? ¿Recibirá con los brazos abiertos a Hazal, que, además, parece haber heredado bastantes genes maternos en su personalidad? ¿O tal vez querrá mantener su imagen de gran señora cobijando a las dos niñas bajo sus alas protectoras?

Cihan, la voz de la sensatez

Mientras Dilara se comporta como un témpano de hielo, Cihan (Erkan Petekkaya) es todo amor con su hija. Está orgulloso de Cansu y no se cansa de repetirlo una y otra vez, tal vez para compensar las escasas veces que su mujer lo dice.

Cihan afronta ahora una complicada disyuntiva. Quiere a Cansu, pero también siente la necesidad de saber de su hija biológica. Necesita saber que está bien, que tiene una familia que la cuida y la quiere como él ha hecho con Cansu.

Y será Cihan quien afronte la tarea de enfrentar la realidad con todas sus consecuencias. Buscará a Hazal y la encontrará. A partir de ahí, ya todo son interrogantes porque ese hallazgo supondrá un cambio radical para este quinteto de personajes que acabamos de conocer.

Es evidente que para Cansu y Hazal la situación será un terremoto emocional y habrá que ver cómo reaccionan sus personalidades tan diferentes a la verdad. Casi podemos avanzar que Hazal va a recibir la noticia con una sonrisa de oreja a oreja y no descartemos que Cansu llore amargamente ante la incertidumbre de no saber qué pasará.

En cuanto a los adultos, Dilara probablemente seguirá sus propios principios y valores que pasan por no perder nunca absolutamente nada y por ejercer su voluntad sea la que sea. Cihan se moverá en un mar de dudas entre lo correcto y lo incorrecto. Y Gülseren intentará defender lo poco que le queda con los pocos recursos que le quedan.

Todos los personajes de 'Paramparça' han recibido el impacto de un meteorito llamado verdad. Ahora les toca aprender a vivir en las ruinas que ha dejado. ¿Cómo afrontarán la reconstrucción emocional y familiar? ¿Aprenderán a convivir como una extraña familia reestructurada o la sima que existe entre unos y otros se hará más profunda y distante?

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