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'Mujer': De celebrar el cumpleaños de Caner Cindoruk a despedir a Sarp

'Mujer' ha vuelto a demostrar su enorme capacidad para sorprender con giros totalmente inesperados. Si las muertes de Yeliz y Hatice fueron complicadas de digerir, la desaparición de Sarp ha sido todo un shock. Esta semana, Caner Cindoruk, ha sido el centro de atención. El lunes celebrábamos su cumpleaños y ahora tenemos que despedir a este icónico personaje.

La maldición de Sirin

Una vez más, Sarp (Caner Cindoruk) ha vuelto a ser víctima del mismo verdugo en 'Mujer'. Si en su anterior cita con la muerte, Sirin fue la gran protagonista provocando su caída al Bósforo. En esta ocasión ha ido un paso más allá. Esta vez no ha sido la instigadora. Esta vez ha sido la mano ejecutora. Si antes no le tembló la voz al acusar a su cuñado de acosarla, en esta ocasión no le ha temblado el pulso a la hora de manipular el gotero.

Pero hay algo peor. Esta vez Sirin lo ha hecho ocultando sus actos bajo la mejor de sus sonrisas y la más falsa de sus declaraciones. Sirin estaba condenando a Sarp al mismo tiempo que le sonreía, le pedía perdón por todo lo que había hecho y le prometía ser una familia de las de verdad.

Porque los grandes males de Sarp comenzaron aquel aciago día en que intercambió dos palabras con Sirin en la parada del autobús. Ese día todo cambió, aunque él no fuera consciente.

Estamos viviendo el culmen de esa obsesión, pero no podemos obviar que Sirin no solo dañó físicamente a Sarp, sino también emocionalmente.

Fueron sus mentiras las que provocaron que el matrimonio viviera años en la distancia creyéndose mutuamente muertos. Y fueron sus mentiras las que provocaron la rabia de Bahar y el distanciamiento del matrimonio. Bahar (Özge Özpirinçci) asumió con enorme dignidad la existencia de Piril y los gemelos, pero era incapaz de asumir la traición con su propia hermana.

Y esa fue la única acción que Sarp debe agradecerle a Sirin: confesar su obsesión, su acoso, sus mentiras, su realidad paralela para que, al menos, haya tenido la oportunidad de recuperar la confianza de su mujer.

La ruta por el desierto

Sirin ha sido, sin duda, la gran maldición de Sarp, pero el personaje interpretado por Caner Cindoruk también ha tenido una buena dosis de mala suerte.

Fue afortunado al ser rescatado del Bósforo, pero su buena suerte terminó justo en el instante en que llegó a tierra. Piril fue su salvadora, pero también la causa de su segunda gran tragedia. La muerte de Mert supuso el inicio de una travesía por el desierto que no vimos, pero que podemos intuir.

Podemos imaginar el miedo a ser el objetivo de un mafioso cegado por el odio y el dolor por el asesinato de su hijo. Podemos imaginar la angustia de no poder comunicarse con su familia. Podemos imaginar el dolor de creerlos muertos. Podemos imaginar el esfuerzo por seguir viviendo. Podemos imaginar el intento de formar una nueva familia.

¿Cómo olvidar la desesperación de Sarp cavando con sus manos las tumbas de su mujer y sus hijos? Será imposible recordar la expresión de su rostro al descubrir la verdad.

El paraíso perdido

Pero ahí, lejos de recuperar el paraíso perdido, Sarp se enfrentó a una segunda travesía por el desierto. Sarp se reencontró con Bahar, con Nisan y con Doruk, pero el reagrupamiento familiar no fue como él soñaba.

Y no fue solo porque se produjese bajo el miedo por las amenazas de Nesir, el gran problema fue que Sarp y Bahar estaban en diferente sintonía. Sarp quería volver a aquella noche del ferry. Quería recuperar su vida como Sarp al mismo tiempo que recuperaba su identidad. Pero Bahar había vivido demasiado, había sufrido demasiado, como para volver atrás sin más.

Sin embargo, Nisan y Doruk no cargaban con esa mochila del pasado. Ellos habían estado años jugando al escondite con su padre y ahora tenían la oportunidad de disfrutar de nuevos juegos. La felicidad que les produjo el regreso de su padre es incuestionable. Y, como niños que son, no tenían la capacidad de ver más allá. No podían comprender lo inadecuado o imprudente de determinados comentarios, propuestas o sugerencias.

Nisan y Doruk querían recuperar todo el tiempo perdido. No querían estar ni un minuto lejos de su padre. Y no eran capaces de entender que su madre no sintiera lo mismo. Es más, ni siquiera podían plantearse que Bahar no soportara estar en la misma habitación que Sarp.

Y, justo es reconocer, que en más de una ocasión Sarp utilizó el cariño de sus hijos a su conveniencia. Es incuestionable que Sarp quisiera estar con sus hijos, pero es más cuestionable que intentara forzar la presencia y participación de Bahar en esos encuentros.

Víctima de sí mismo

Que Sarp ha sido una de las grandes víctimas de esta historia está fuera de toda discusión. Fue víctima de Sirin. Fue víctima de Nesir. Fue víctima de Suat. Y también fue víctima de sí mismo. Porque su condición de víctima no le exime de haber cometido errores. Y el principal fue su forma de actuar con Bahar. No hay duda de que Sarp estaba completamente enamorado de su mujer. Sus actos así lo demuestran. En cuanto supo que ella estaba viva, todo lo demás desapareció. Piril se volvió transparente y Ali y Omer casi parecía que estuviesen pintados en la pared.

También es lógico que quisiera recuperar a su familia. El problema no estaba ni en sus sentimientos ni en sus deseos. Lo cuestionable es el cómo.

Sarp creía a Bahar muerta y rehízo su vida con otra mujer. Nadie puede criticar algo así. Entonces, ¿por qué reprocha a su mujer que tuviese una relación con Arif? Bahar estaba exactamente en su misma situación. Lo creía muerto, perfectamente podría haberse casado y tener más hijos con otro hombre.

Bahar tuvo que compartir encierro con Piril y lo hizo con la mejor de sus actitudes, pero Sarp montaba en cólera con solo oír el nombre de Arif. Bahar puso todo de su parte para que Nisan y Doruk vieran a Ali y Omer como sus hermanos, pero Sarp no soportó que Arif le regalase a su hijo un caballito de juguete. Bahar toleró que Sarp y Piril durmieran juntos en la casa de la montaña, pero Sarp se molestó al saber que ella había utilizado su única llamada telefónica para llamar al dueño del café. Bahar no dudó a la hora de invitar a Piril a la fiesta de Doruk, pero Sarp, recordemos, hizo el amago de interceptar la invitación de Arif. Piril llevaba el anillo de Sarp, pero Sarp le arrancó a Bahar de muy malas maneras la cadena que le regaló Arif.

Y ese es el lado oscuro de Sarp. Su incapacidad para entender que Bahar había seguido viviendo sin él. Que había sufrido durante años, pero que también se había dado la oportunidad de volver a querer a alguien. Y la cuestión no es el comportamiento de Arif. Si actuó bien o mal. Si jugó limpio o sucio. Arif es un elemento que está al margen.

El problema está en que Sarp no tuvo la capacidad de ponerse en el lugar de su mujer. No tuvo la capacidad para entenderla. No tuvo la capacidad para asumir que tal vez ella sí fue capaz de pasa página. No tuvo la capacidad para escuchar lo que ella decía. No tuvo la capacidad de aceptar que ella quería al padre de sus hijos, pero no al marido.

La última alegría

O al menos eso era lo que decía Bahar antes del accidente. Después todo cambió. Es como si el accidente hubiese provocado una catarse emocional en Bahar. Es como si toda la presión que había acumulado con los últimos acontecimientos hubiese llegado a su tope y provocara una explosión de emociones y sentimientos.

O tal vez fue la muerte de Hatice. O tal vez fue descubrir la verdad. O tal vez fue la distancia que marcó Arif. O tal vez fue tomar conciencia del peso de la familia. O tal vez fue el miedo a la muerte.

Fuese como fuese, Bahar volvió a ver a Sarp como aquel hombre con el que era inmensamente feliz. Volvieron a mirarse a los ojos. Volvieron a soñar juntos. Volvieron a ser el matrimonio enamorado. Volvieron a ser una familia feliz.

Sarp cumplía su sueño. Sarp volvía a ser el mismo hombre que se subía a aquel ferry con una bolsa de peras. Sarp volvía a escuchar las risas de sus hijos. Sarp volvía a besar a su mujer.

Sarp esquivó la muerte en el ferry. Esquivó la muerte en la pelea con Mert. Esquivó la muerte en el accidente de coche en la montaña. Esquivó la muerte en la casa de Nesir. Esquivó la muerte en el accidente.

Pero Sarp no ha sido capaz de esquivar la envidia, el odio y los celos de su cuñada. Sarp no ha sido capaz de esquivar a Sirin. Y los espectadores no hemos sido capaces de esquivar el dolor. El personaje interpretado por Caner Cindoruk ha congregado tanto amor como odio. Ha sido tan defendido como atacado. Ha tenido momentos como el mejor de los galanes y como el peor de los gañanes.

Porque Sarp no ha dejado a nadie indiferente. Y esa es la grandeza de este personaje. Que no ha sido ni un arquetipo ni un estereotipo. En un mismo capítulo podías caer rendido a sus pies o desear patearlo.

Es por eso que en este momento absolutamente tanto los TeamSarp como los TeamAntiSarp tenemos claro que lo vamos a echar de menos. Se va uno de los personajes clave de esta historia. Ya habíamos pasado por la experiencia de vivir esta serie sin Sarp, pero ¿cómo será ver 'Mujer' sin Caner Cindoruk?