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ADELGAZAR NO ES FÁCIL

¿Por qué recuperamos el peso perdido?

La mayoría de las personas que pierden peso, lo recuperan en el medio plazo. Analizamos qué puede estar fallando en estos casos.

Una mujer sostiene un alimento saludable en una mano y, en la otra, un dulce poco saludable.

Pexels Una mujer sostiene un alimento saludable en una mano y, en la otra, un dulce poco saludable.

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Tras llevar a cabo una restricción alimentaria o un plan de entrenamiento que conduce a una pérdida de peso, lo más habitual es recuperarlo en el medio plazo. ¿Por qué sucede esto?

La respuesta no es simple, ya que hay muchos factores involucrados, como factores homeostáticos, hedónicos y cognitivos que se suceden a una restricción.

Uno de los factores que influyen en la recuperación del peso es hacer dieta. Sí, como lo lees, paradójicamente la estrategia más comúnmente utilizada para adelgazar es un factor que pronostica que se engorde, como ya te comenté en este artículo.

Y no solo por una respuesta homeostática tras una restricción de comida, sino porque las causas que subyacen a las elecciones alimentarias (que en cada persona son diferentes) siguen ahí. No han cambiado con una dieta.

Y no solo eso, estas causas iniciales pueden verse empeoradas tras cada dieta con mitos nuevos o empeoramiento de la relación con la comida.

Cómo influye el entorno en la pérdida de peso

Normalmente, los debates sobre el mantenimiento del peso se centran en el cambio de comportamiento y en características personales, como la sobrevalorada autodisciplina o la motivación para llevar una alimentación más saludable o una vida menos sedentaria.

Sin embargo, se suele poner menos énfasis en cómo estas características personales son influenciadas y desafiadas por los entornos alimentarios de las personas. De hecho, son un factor fundamental que influye directamente en que los hábitos saludables no se mantengan.

Lidiar con el ambiente requiere de un esfuerzo constante a través de la autorregulación, la renovación de la motivación y la gestión de las influencias externas como las tentaciones, las presiones sociales y las situaciones de mayor riesgo de comer peor. Son ejemplo de ello las vacaciones, la falta de tiempo, la falta de descanso, el estrés o la regulación emocional a través de la comida.

Principales dificultades que presenta el entorno alimentario

Planificación

Mantener unos hábitos saludables en los entornos menos saludables implica una planificación previa. Por ejemplo, implica acordarse cada día de llevar fruta, frutos secos o agua al trabajo para no ir a la máquina expendedora o a la cafetería, o llevar el tupper de casa para no comer en el restaurante.

Disponibilidad y accesibilidad

Los alimentos de peor perfil nutricional están más disponibles y son más accesibles y asequibles. En cambio, las opciones más saludables están menos accesibles y son menos palatables. El mantenimiento del peso es más fácil cuando hay opciones saludables disponibles.

Gestión de eventos sociales

En las reuniones sociales no solo están más disponibles alimentos de peor perfil nutricional, sino que también existe la presión social para comer estos alimentos y no otros, para comer más cantidad y para beber alcohol cumpliendo con los cánones sociales.

Esto son solo unos ejemplos para mostrar la importancia de tomar unas elecciones alimentarias y no otras en el entorno actual. La responsabilidad individual de nuestras ingestas es tan solo la punta de un gran iceberg, que se puede mejorar, pero que conlleva un peaje que no todas las personas están dispuestas a pagar.

Sabemos que implementar medidas políticas que conlleven la creación de entornos más saludables es mucho más efectivo que apelar a la responsabilidad individual. Se trata de favorecer que las opciones más saludables sean las más fáciles de elegir, las más accesibles y las más asequibles.

Nuestra genética sigue siendo la misma que hace décadas y el acceso a la información es mayor. Sin embargo, el peso ha aumentado. ¿Qué ha cambiado?

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