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EL TIEMPO ES ORO

Pobreza de tiempo: el problema de salud al que no prestamos atención (pero deberíamos)

Hablamos de una “epidemia silenciosa” que aumentó con la pandemia y que ahora, reforzada con la angustia de una guerra tan cercana, puede llevarnos a sufrir problemas psicológicos y físicos más serios.

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Una crisis, una pandemia y, ahora, una guerra. Con tanta incertidumbre, aumentan los casos de depresión, pero también el riesgo de enfermedad cardiovascular y los niveles de obesidad. ¿Qué está sucediendo y, sobre todo, qué podemos hacer para evitarlo? Los expertos nos lo explican.

¿Qué es exactamente la pobreza de tiempo?

"Todos hemos sentido la falta de tiempo en nuestras carnes. Vivimos en un mundo que se mueve a un ritmo vertiginoso, en el que las responsabilidades laborales, las obligaciones familiares y las tareas domésticas consumen la mayor parte de nuestra jornada", expone Aída Rubio, Head of Clinical Content de TherapyChat.

Un problema que, según el equipo de expertos de este gabinete de psicólogos online, se acentúa sobre todo en el caso de las mujeres, quienes además cargan sobre sus espaldas una conciliación que no acaba de llegar y que representa un peso añadido a la larga lista de tareas cotidianas a las que se enfrentan a diario.

Es cierto. Cada vez estamos más escasos de tiempo, nos faltan horas para dedicar a nuestro cuidado personal, para compartir con las personas que queremos, disfrutar de nuestros pasatiempos favoritos o sencillamente, dedicarse al dolce far niente. En esta cotidianidad tan caótica que nos afecta a todos, hay quienes sufren una falta de tiempo crónica. Es lo que se conoce como pobreza de tiempo.

"La pobreza de tiempo se entiende precisamente como la falta de tiempo disponible para descansar o dedicar al ocio debido a una carga excesiva de trabajo, ya sea doméstico o profesional. Básicamente, cualquier persona que disponga de 3 o menos horas diarias libres sufre pobreza de tiempo", añade Rubio.

"El fenómeno afecta sobre todo a las mujeres, como hemos dicho, pero en realidad es un problema que se extiende cada vez más en una sociedad en la que el trabajo, el desarrollo personal y el crecimiento económico ocupan un lugar primordial. Lo peor es que suele pasar desapercibido hasta que sus consecuencias son ya muy evidentes y ha cobrado un alto precio emocional, psicológico y físico", afirma.

La razón es que la pobreza de tiempo va mucho más allá de no contar con las suficientes horas para relajarse o descansar. Se puede convertir en un obstáculo para el cuidado personal, lo que se traduciría en un mayor riesgo de enfermar.

¿Por qué aparece y por qué hay más casos ahora?

La pobreza de tiempo es un fenómeno que está impulsado por tres factores: las condiciones económicas, la expectativa de la sociedad en la que vivimos y nuestras prioridades en la vida.

Condiciones económicas

Sin duda, las condiciones económicas son uno de los factores principales y que tiene un mayor peso en la expansión silenciosa de la pobreza de tiempo.

"Desgraciadamente, hay cada vez más personas con dificultades económicas, que no pueden llegar a fin de mes y están encadenadas a uno o varios trabajos que consumen gran parte de su día. Se trata de personas vulnerables económicamente que no pueden permitirse el lujo de disfrutar del tiempo libre porque necesitan trabajar para sobrevivir", destaca Aída Rubio.

Influencia de la sociedad

Sin embargo, otro factor que a menudo pasamos por alto en la expansión de la pobreza de tiempo es la influencia de la sociedad. "Vivimos en una sociedad que nos anima a ser cada vez más productivos, a buscar incesantemente el éxito, a crecer continuamente y apostar por la riqueza económica. Una sociedad que nos motiva a trabajar duramente para conseguir nuestras metas y sueños y que interpreta el cuidado personal y el relax como un lujo", lamenta la experta.

Y concluye que "entonces, no es extraño que hayamos desarrollado una mentalidad productiva en la que le concedemos especial importancia al trabajo y nuestras condiciones económicas en detrimento de nuestro bienestar, satisfacción y felicidad".

Cuestión de prioridades

"Existen muchas personas que no tienen claras sus prioridades y se dedican a seguir el camino que han marcado los demás o, por el contrario, se dedican a atender lo ‘urgente’ dejando de lado lo realmente significativo. Así, cuando vienen a darse cuenta, han consumido gran parte de su día en tareas que no solo no son importantes para ellas, sino que les consumen un tiempo precioso que podrían destinar a su cuidado o a disfrutar de sus principales hobbies", afirma Rubio.

No se trata de factores excluyentes, sino que están relacionados entre sí. De hecho, es bastante habitual que en muchos de los casos de pobreza de tiempo coincidan todos estos elementos, agravando un problema que podría llegar a convertirse en una epidemia en nuestra sociedad.

¿Qué relación tiene la pobreza de tiempo con las enfermedades?

"El estrés mantenido es causa de muchas enfermedades médicas y psicológicas", defiende José Antonio López, profesor de Psicobiología de la Universidad Complutense de Madrid. "El estar sometido durante largos periodos de tiempo a un estrés percibido, sea por una pandemia, por una guerra u otro evento social cercano, alteran los niveles de corticoides, principales hormonas que regulan nuestro equilibrio metabólico, inmunológico y cardiovascular".

Estas hormonas tienen la función de protegernos reduciendo la inflamación y, para lograrlo, frenan la actividad normal del sistema inmune.

"Este cese continuado de la actividad de nuestro sistema inmune debido a las acciones de estas hormonas corticoides hace que nuestro cuerpo esté más débil y nos hace más vulnerables. Esto resulta en la aparición de enfermedades ‘latentes’ y también en una pobre toma de decisiones que pueden perjudicar nuestra salud", añade López.

Mujer estresada
Mujer estresada | Pexels

Por su parte, Jesús Román Martínez, profesor de Nutrición de la Facultad de Medicina de la UCM, suma a las declaraciones de su colega la poca o nula tolerancia del ser humano a la incertidumbre. "Ahora vivimos tiempos de incertidumbre donde todas las comodidades que hemos ganado, que hace 20 años eran impensables, se han convertido en necesidades, en necesidades que ahora se encuentran amenazadas", puntualiza.

"Es también importante reconocer que una de las necesidades reales del ser humano es ‘rellenar el tiempo’. Y hay gente que es experta en rellenarlo con cosas vacías", añade.

Román asegura que la ansiedad puede conducir a su vez a padecer trastornos alimentarios, ya que ciertos alimentos son para muchas personas un mecanismo de refugio o compensación frente al estrés. "A menudo, no son precisamente los alimentos más nutritivos y saludables los elegidos, sino los más rápidos de acceder y de sabores ‘agudos’, fuertes, ricos en grasas y en sal".

"La menor disponibilidad de recursos económicos y la carestía agravada en las últimas semanas por la ‘pobreza energética’”, continúa el profesor, “pueden hacer a su vez que la dieta empeore".

"En paralelo, las patologías crónicas siguen predominando en el panorama sanitario del país (cardiovasculares, cáncer, etcétera), por lo que alimentarse inadecuadamente, ya sea por falta de recursos o de conocimientos para preparar comidas saludables, seguramente vaya a ofrecer un empeoramiento de las estadísticas, aunque ahora mismo sea temprano para cuantificar este posible incremento", expone Román Martínez.

¿Cuándo puede llegar a ser peligrosa?

Según los expertos de TherapyChat, "las personas que no cuentan con suficiente tiempo, terminan descuidando su alimentación porque no encuentran los minutos para prepararse una comida más sana, dejan de practicar ejercicio físico porque el tiempo no les alcanza y apenas sí pueden descansar unas horas al día. Por supuesto, también van por la vida agobiadas, con un gran cúmulo de tensiones y un alto nivel de estrés para poder llegar a todo".

Un problema que "a la larga no solo afecta su equilibrio emocional y su bienestar psicológico, aumentando el riesgo de sufrir trastornos como la ansiedad o la depresión, sino que también puede causar problemas de salud serios como la obesidad, alteraciones cardiovasculares o hipertensión", añaden.

Por eso, la pobreza de tiempo puede llegar a ser tan peligrosa. "No solo nos limita uno de nuestros tesoros más preciados, el tiempo, sino que hace que descuidemos nuestro cuidado personal y pasemos por alto las relaciones con las personas que nos rodean, empeorando así nuestra calidad de vida", puntualizan los expertos.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Combatir la pobreza de tiempo puede ser complicado, pero no es imposible. Si estás en una situación económica delicada y necesitas tener varios trabajos para llegar a fin de mes, gestionar tu tiempo podrá parecerte una tarea titánica. Pero incluso en este caso, si te lo propones y sigues algunas recomendaciones en tu día a día, podrás minimizar el impacto de la falta de tiempo sobre tu salud emocional y física. He aquí algunas recomendaciones prácticas:

  • Organiza cuidadosamente tu semana. Contar con una buena planificación de tu jornada puede ayudarte a gestionar mejor el tiempo y dejar algunos espacios libres para disfrutar de tus pasatiempos favoritos o compartir con las personas que quieres. "Dedica unos minutos el domingo o el lunes a planificar todo lo que te espera en la semana, dejando espacio para esos imprevistos que son, al final, los que terminan drenando tu tiempo libre. Por supuesto, no olvides incluir un tiempo a solas para ti", recomienda la responsable de TherapyChat.
  • Empieza a decir “no”. Ya sea por vergüenza o porque creemos que podemos con todo, a menudo aceptamos todas las tareas y responsabilidades que los demás nos delegan. Así, terminamos con una gran carga sobre nuestras espaldas que no solo nos roba el tiempo, sino que nos drena la energía y afecta nuestro equilibrio emocional. ¿Cómo evitarlo? Aprende a decir “no” y dilo con más frecuencia. Deja de aceptar todas esas tareas que no te aportan nada y que te consumen un tiempo precioso.
  • Delega las tareas menos importantes. Tenemos la costumbre de llevar sobre nuestros hombros una gran lista de tareas porque siempre lo hemos hecho así, porque solo nosotros somos capaces de sacarlas adelante o porque nos gusta sentirnos sobrecargados. "No importa cuál sea tu excusa, empieza a delegar las tareas menos importantes en otras personas para que puedas centrarte en lo más significativo. No solo dispondrás de más tiempo, sino que te sentirás mucho más ligero", dice Aída Rubio.
  • Dedica al menos una hora al día para ti. ¿Has tenido una reunión inesperada y has terminado más tarde? ¿Has tenido que llevar y recoger a los niños del cole? ¿Te ha surgido un imprevisto y tu planificación se ha alterado? No importa lo que suceda en tu día a día, dedica al menos una hora diaria a tu cuidado, a relajar tu mente y calmar tus sentidos como harías si se tratase de una de esas responsabilidades u obligaciones impostergables.
  • Disfruta la plenitud de cada instante. Seamos realistas, a veces no podemos contar con todo el tiempo libre que quisiéramos. Y no pasa nada, siempre que aprovechemos hasta la última gota del tiempo que sí tenemos a nuestra disposición. Por tanto, cuando dispongas de tiempo libre, baja la guardia, despeja tu mente de todas las preocupaciones y céntrate en disfrutar ese momento a plenitud. La experta de TherapyChat lo resume así: "Saborea cada experiencia, déjate llevar y enfócate en crear buenos momentos de ese instante".
  • Deja de perder el tiempo en lo que no te aporta. "La pobreza del tiempo sería la pobreza de nuestra vida. No existe una gestión del tiempo, existe la gestión de nuestra vida", compara José Antonio López. "Si queremos mejorar nuestra vida, tenemos que hacer una auditoría en qué gastamos el tiempo. Evaluar de manera honesta con nosotros mismos en qué actividades ‘tiramos’ el tiempo y no tienen ningún valor añadido: el uso de las redes sociales, emails que no hace falta responder ni leer, conversaciones con gente que ni nos gustan ni les gustamos nosotros... Una vez ahorrado ese tiempo lo invertimos en otras actividades que sean más productivas o más gratificantes para nosotros", sugiere el profesor de Psicobiología de la UCM.
  • Sigue trabajando en los fundamentos de la vida. La clave para no sufrir pobreza de tiempo está, según López, en dedicar el tiempo de manera proporcional a lo que nos hace funcionar correctamente: hacer deporte y cuidar lo que uno come y bebe (salud), mantener buenas relaciones sociales (amor, amistad), y buscar o mantener un trabajo que te guste (dinero, reconocimiento social). "Si uno decide usar la mayor parte del tiempo en estas actividades, es mucho más fácil hacer de nuestra vida un éxito. Simple, pero no fácil de conseguir", concluye el profesor.
  • Aprende a comer bien. La pobreza de tiempo es la excusa más antigua y difundida para alimentarse ‘menos bien’. "Para comer bien, cuando hay limitaciones de tiempo o de recursos, es imprescindible saber comprar adecuadamente ingredientes versátiles, nutritivos y sabrosos que se adapten a nuestro presupuesto", explica Jesús Román Martínez. "Además, hay que saber conservarlos adecuadamente y cocinarlos de forma que su valor nutritivo se adapte a nuestras características. Muchas personas se alimentan mal por simple desconocimiento de lo que es más o menos conveniente a la hora de comprar y/o cocinar", añade. Lógicamente, a menos recursos o mayor carestía, más difícil resulta todo, pero el profesor de Nutrición de la UCM insiste en que ahora, más que nunca, conviene tomarse la molestia de aprender a comer bien.

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