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SPANKING

Cómo dar azotes sin dejar el culete rojo como un tomate

Uno o cinco, el caso es que puede que te guste dar azotes en el culo de tu pareja mientras estáis en faena. Si quieres evitar heridas, sigue estos consejos.

iStock Cómo dar azotes sin dejar el culete rojo como un tomate

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En el fragor de la batalla, la mano se te fue al culete de tu pareja y zas, zas: azotes al canto. Puede que te excite sobremanera, a ti, a él/ella, a los dos, dar unos azotes mientras tenéis sexo. Pero una cosa es dar unos azotes y otra bien distinta dejarle el culo como un tomate maduro, que quizá, no sea lo más conveniente. Por eso hoy te vamos a dar unos consejos sobre cómo azotar sin destrozar el pompis del otro/a.

Pero vayamos al principio y definamos conceptos. “El spanking, o sea, el arte de dar azotes, puede ser una práctica muy segura y excitante si se hace bien y para hacerlo bien hay que tener en cuenta que se necesita una buena comunicación entre las personas que lo están practicando y no está de más pactar una palabra de seguridad por si hay momentos incómodos, nos están haciendo daño y queremos parar”, dice la sexóloga María Torre.

¿Por dónde empezar?

“Primero, por conocer las zonas que se pueden azotar y cuáles no. Los huesos, aunque parecen resistentes, no deberíamos golpearlos porque corremos el riesgo de hacer alguna fractura o lesión. Por eso, siempre es mejor y a las zonas blandas como los glúteos, muslos, bíceps.... Es decir, podemos azotar allí donde más masa muscular y de relleno tenemos y evitaremos zonas más huesudas y sobre todo las zonas con tendones como codos o rodillas. Por otro lado, hay que tener cuidado con las vísceras. Nunca golpear riñones o en el estómago ya que como no tienen recubrimiento de protección un mal golpe podría hacerlos estallar. Para evitar posibles hematomas y moratones, hay que prestar atención a la zona donde las venas están más a flor de piel”, detalla.

Y añade: “Se recomienda azotar en los músculos como el glúteo o muslos porque son músculos gruesos protegidos con tejido adiposo. Son las zonas más típicas porque son las más seguras. Si estamos comenzando con esta práctica lo mejor es empezar por aquí”.

¿Qué elegir para azotar?

“Se puede azotar con la mano o utilizando algún juguete o utensilio doméstico. Para empezar y cuando buscamos seguridad yo recomiendo usar una herramienta ancha. Como una paleta, porque el control sobre el golpe es mayor y podemos controlar más la fuerza. Cuanto más ancho es lo que usamos el impacto será menor. Si usamos algo muy fino la sensación es como de corte, así que hay que graduar la fuerza e ir viendo cómo lo combinamos jugando con las sensaciones y niveles de dolor. No tiene por qué suceder nada, pero si la fuerza es media alta y usamos una fusta muy fina se pueden producir hematomas y crear una lesión si se hace durante mucho tiempo. Por ello, se recomienda más el uso de palas, paletas de ping-pong o incluso si queremos echar mano de algo de andar por casa una cuchara o paleta de madera. También un zapato plano si queremos ser menos sofisticadas”, dice. Aunque quizás, lo del zapato te recuerde los zapatillazos que te daba tu madre y se vaya el morbo

Paleta y otros juguetes | iStock

Para no hacer daño, hay que hacerlo de un golpe seco, sin demasiada fuerza y de forma unidireccional y siempre de forma plana. Cuando giramos el utensilio, sobre todo al usar uno más fino, es cuando más daño podemos hacer. Por otro lado, tenemos los látigos. Éstos, si se usan con mucha fuerza, pueden dejar marcas más profundas. Pero son fácilmente graduables en cuanto a la intensidad. Se puede jugar a acariciar con ellos e ir incrementando poco a poco hasta que nos diga nuestra pareja. Su fuerza se reparte más al ser más largos y estar compuestos por más de una tira”, añade Torre.

¿Lo mejor? Combinar. “Empezar con la mano e ir viendo cómo nos gusta. Una vez conocida la intensidad pasar a objetos planos y de ahí empezar a experimentar con otros como fustas y látigos. Lo más importante es el disfrute, saber hasta dónde somos capaces de llegar y tener siempre la seguridad de parar cuando lo deseemos”, finaliza.

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