Negligencia médica

Los médicos ignoraron seis veces el tumor de una niña de un año que resultó ser cáncer infantil

La pequeña fue diagnosticada de neuroblastoma y tuvo que recibir quimioterapia porque ya se había extendido por la columna vertebral. Ha ocurrido en Reino Unido.

Un médico de espaldas

Un médico de espaldas Istock

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En 2024, los padres Anna Chattaway y Dom Wilde, al ver que la tripa de la pequeña de un año se había hinchado en solo tres semanas, pedían a los médicos que le hicieran un análisis de sangre a su hija Florence. Sin embargo, los sanitarios les avisaron de que solo estaba estreñida.

Mientras tanto, Anna y Dom no se fiaban mucho del veredicto de los médicos y, por eso, insistían mucho para que hicieran un análisis de sangre a la menor. Finalmente, los padres estaban en lo cierto y le diagnosticaron en noviembre, hace casi dos años, un neuroblastoma.

En ese momento, el tumor de Florence pesaba 2 kilos, mientras que ella solo pesaba 13 kilos, lo que significaba que representaba casi el 15% de su peso corporal. El neuroblastoma es un cáncer que aparece recurrentemente en niños y que se desarrolla a partir de las células que quedan tras el desarrollo del bebé en el útero. Se origina en el sistema nervioso simpático o en las glándulas suprarrenales, y suele localizarse en el abdomen.

¿Qué es un neuroblastoma?

En Reino Unido se diagnostica a alrededor de 100 niños al año, lo que representa aproximadamente el 6% de todos los diagnósticos de cáncer infantil. "A Florence le diagnosticaron la enfermedad un mes después de cumplir un año", asegura su madre, Anna, psicóloga clínica de Stourbridge, quien continuó expresando que "durante las seis semanas anteriores, estuvo enferma con una cosa u otra".

La psicóloga clínica avisó de que la pequeña "cogió varias infecciones, tuvo la enfermedad de manos, pies y boca, le recetaron antibióticos, pero siguió sin ir al colegio durante un tiempo", y fue ahí cuando la barriga empezó a hincharse; por eso, sus padres no paraban de llevar a su hija al médico.

La madre confiesa que "en el centro de salud nos dijeron que estaba estreñida", y siguió declarando que "durante tres semanas tuve que obligarla a tomar laxantes, lo cual fue horrible". "Cuando su barriga no bajaba, los médicos le daban más laxantes, pero se le iba hinchando cada vez más. No estaba bien y los laxantes no la ayudaban, así que tuvimos que seguir insistiendo a los médicos", señala Anna.

La niña no podía dormir por los dolores

Todavía la madre recuerda cuando su hija lloraba de dolor y no podía dormir sola porque sufría mucho; de esa forma, Anna tenía que acunarla en posición vertical por la noche para ayudarla a descansar un poco.

A pesar de la preocupación de los padres ante el gran malestar de su hija, los sanitarios no les hacían caso y afirmaron que una vez el médico les dijo que hablasen de lo que sabían antes de creer que era cáncer.

La madre de Florence insistió tanto en que hicieran un análisis de sangre que, cuando los valores sanguíneos estaban elevados, fue entonces cuando les derivaron a la PAU (Unidad de Evaluación Pediátrica). "Cuando se descubrió el tumor, medía 30 cm, lo cual fue desgarrador. Ella es muy menuda, así que eso ocupaba una gran parte de su cuerpo", recuerda la madre.

La pequeña recibió quimioterapia de urgencia

Florence fue operada el 26 de noviembre de 2024 en el Hospital Infantil de Birmingham y al día siguiente comenzó una quimioterapia de urgencia. "Recibió tres meses de quimioterapia de inducción para intentar reducir el tumor. Pensaban que la enfermedad se encontraba en un solo lugar, en el estómago; suponían que estaba localizada".

Sin embargo, las nuevas pruebas de imagen que le hicieron a la pequeña en enero de 2025 desvelaron que Florence padecía un cáncer metastásico, o de estadio 4, que se produce cuando las células se desprenden del tumor principal. Con ese diagnóstico, la enfermedad ya se había extendido a la columna vertebral.

"Ahora, cuando miramos atrás, nos preguntamos: ¿cómo pudimos pensar que estaba estreñida solo porque tenía el estómago enorme?", dice Anna. "Creció rápidamente en unas pocas semanas; por eso estamos tan enfadados, porque si alguien la hubiera examinado la primera vez que fuimos al médico de cabecera, podríamos haberlo detectado antes".

El tumor se extendió por la columna vertebral

En marzo de 2025, antes de que Florence iniciara sus primeras sesiones de quimioterapia de alta dosis, le extirparon el 95% del tumor de la columna vertebral.

La niña comenzó cinco ciclos de inmunoterapia en octubre de ese año, antes de que, en abril de 2026, se les comunicara a sus padres que el tumor había dejado de progresar.

"Durante todo ese tiempo nos dijeron que estaba muy bien", dice Anna. "Cada vez que ingresaba, se mostraba llena de vida durante toda la estancia; era sencillamente increíble. A lo largo del camino hemos conocido a familias a las que los médicos de cabecera y otros especialistas han dado la espalda más de lo que le ha pasado a Florence".

"En nuestro caso, creo que si la hubieran diagnosticado antes, quizá el tumor no habría crecido tanto. Pasamos muchos meses sumidos en esa incertidumbre y fue horrible. Sentíamos mucha rabia".

La recaudación para pagar un tratamiento

En estos momentos, la familia está recaudando 100.000 libras para pagar un tratamiento antirrecidiva (DFMO) que no ofrece el NHS, después de que el fabricante lo retirara de las vías de acceso habituales en el Reino Unido, lo que obliga a los pacientes a pagarlo de su propio bolsillo.

"Florence ha completado el tratamiento de referencia del NHS; a partir de ahí, se puede optar por la estrategia de 'vigilar y esperar' para ver si el cáncer reaparece o bien, como han hecho otras familias, optar por un tratamiento de prevención de recaídas, aunque estos no forman parte del protocolo del NHS", explica Anna.

"Decidimos que queríamos que recibiera un tratamiento llamado DFMO. Llegó al Reino Unido en 2024 y luego se retiró en abril, una semana antes de que ella cumpliera los requisitos para empezar".

A pesar de todo lo que ha tenido que afrontar, Florence ha superado la tasa de supervivencia del 50% asociada al cáncer infantil y sus padres están orgullosos: "Lo está haciendo de maravilla, es una niña muy feliz. La vida en casa va bien", afirman los progenitores.

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