Además, los novios recibirán en el banquete a un invitado sorpresa muy especial: el vidente Rappel, quien les hará una serie de augurios a partir de las curiosas coincidencias de la pareja con el número 28.
Johnny e Irene se conocieron en unas fiestas de pueblo bailando la canción de la película “Titanic”, más tarde él se declaró a ella surcando en barco las aguas del Sena, y siempre tuvieron clara una cosa: que el Atlético de Madrid estaría muy presente el día de su enlace. Con esta premisa llegaron ante Caridad Ruiz, propietaria del Wedding Center Lunas de Boda en Madrid, quien, desde el principio, puso manos a la obra para cumplir hasta el último deseo de la joven pareja.
La organización del evento estuvo llena de obstáculos, empezando por encontrar un sitio donde alojar durante un fin de semana entero a los más de 200 invitados. La ayuda de los amigos de los novios también fue un factor fundamental, especialmente la de su amigo Borja, que se encargó de todo el tema del catering. Caridad y su equipo encontraron finalmente el lugar idóneo: Alcalá de Júcar, un pintoresco pueblo de Albacete ideal para la ocasión, y todo fue viento en popa hasta que surgió un gravísimo problema: a pocos días de la boda les comunicaron que la única iglesia del pueblo estaría cerrada por obras. Esto hizo peligrar todo el evento porque la novia se negaba rotundamente a casarse en un edificio civil.
Un coro rociero con sorpresa, una intervención inesperada de Rappel, alguna que otra broma orquestada por Caridad y el chef Borja, unos novios rebosantes de ilusión y energía, y mucho fútbol son algunos de los ingredientes de esta boda tan especial.

