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Soy una Mendoza
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Sadakat reconoce ante Alya que le ha devuelto la vida a su hijo Boran, pero la paz está lejos de llegar a la familia. Alya necesita saber si puede contar con Cihan, mientras una nueva amenaza pone en alerta a los Albora.

El joven no entiende por qué Gustavo ha sido siempre tan duro con la mujer que ama, mientras que el empresario recuerda las palabras de Renata hace más de 20 años: “xa empezaches a pagar, filliño”.