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Qué es el lipedema y por qué no hay que confundirlo con obesidad

Descubre si la grasa que tanto te molesta en diferentes zonas de tu cuerpo es una distribución anormal del tejido adiposo y tienes lipedema

Piernas con tejido adiposo

Piernas con tejido adiposoiStock

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Las mujeres mediterráneas solemos tener las caderas, los muslos y las cartucheras anchas. Es cuestión de genética. Igual que no podemos comparar nuestra altura, contorno de pecho o color de cabello u ojos con las mujeres nórdicas -que suelen ser más altas y esbeltas-.

En la variedad está el gusto y gracias a la tendencia body positive cada vez somos más las que estamos encantadas que en la publicidad se muestren cuerpos que reflejen la realidad de diferentes corporalidades.

No obstante, hay veces que luchamos contra nuestra propia naturaleza en el gimnasio y trabajamos el tren inferior con el objetivo de reducir un par de centímetros el contorno de nuestra silueta, nos esforzamos para eliminar la grasa localizada y disminuir la piel de naranja.

Pero ¿qué pasa si no se trata de obesidad? ¿Y si lo que tenemos es un lipedema? Te traemos toda la información de este trastorno. Sigue leyendo.

¿Qué es el lipedema?

El lipedema no es un tipo de obesidad y no aumenta el riesgo de padecer diabetes o de sufrir alguna enfermedad cardiovascular como la obesidad. No responde a ninguna dieta ni al ejercicio físico. Se trata de un trastorno de la distribución de la grasa corporal que hace que se acumule de forma asimétrica y atípica en caderas, glúteos, piernas y, en ocasiones, en brazos.

Se considera una enfermedad inflamatoria, crónica y degenerativa debido a que puede colapsar el sistema linfático. Es poco conocida y en muchos países no está oficialmente reconocida, a pesar de que se conoce desde hace más de 75 años.

Origen y sintomatología propia del lipedema

Las causas de este trastorno no son conocidas, pero parece estar relacionado con la influencia de hormonas como el estrógeno y progesterona. También se considera como factor de riesgo para padecerla la herencia genética, ya que el lipedema se da con más frecuencia cuando los individuos afectados tienen parentesco en primer y segundo grado con otras personas también afectadas por la enfermedad.

Se produce casi exclusivamente en mujeres y suele aparecer después de la pubertad, un embarazo, la menopausia o cirugía ginecológica -extirpación de útero, ovarios, trompas de Falopio, etcétera-.

Los primeros signos de la enfermedad se suelen confundir con el sobrepeso y la obesidad, pero si la persona que la padece pierde peso, la zona afectada no cambia de volumen. Si nos fijamos en los síntomas, quien la padece suele tener sensación de tensión, picor y dolor en las zonas afectadas. También se puede identificar porque surgen hematomas con mucha facilidad al mínimo golpe.

En algunas mujeres el aumento del tejido adiposo no varía, es decir, que el grado de lipedema permanece constante durante años. Sin embargo, en otras pacientes empeora de forma gradual, pasando de un aspecto similar a la piel de naranja a grandes nudos de células grasas que engrosan el tejido subcutáneo hasta endurecerse y mostrar circunferencias de bultos adiposos que cuelgan de articulaciones como hombros, codos, rodillas y tobillos.

Tratamientos que pueden ayudar a disminuir el lipedema

Existen algunas opciones que ayudan a reducir las molestias que este trastorno puede causar, como utilizar medias de compresión o masajes linfáticos que favorezcan el drenaje linfático para eliminar la acumulación de líquidos del tejido, e incluso seguir una dieta antiinflamatoria, repleta de alimentos antioxidantes para conseguir el mismo objetivo.

A pesar de que no existe un tratamiento que solucione las causas de esta enfermedad, la liposucción es el único procedimiento quirúrgico que ayuda realmente a eliminar el tejido adiposo.

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