Otoño

La tiendas se adaptan a un otoño sin frío: "Los vestidos nos salvan la campaña"

El retraso de las bajas temperaturas frena la venta de abrigos y prendas gruesas, los comercios recurren a la ropa de entretiempo mientras muchos clientes siguen vistiendo de verano.

Ropa colgada en una percha

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Mediados de octubre y todavía en manga corta. En Galicia, los paraguas y los abrigos, habituales por estas fechas, siguen esperando su turno. Las cazadoras se llevan en la mano y las prendas veraniegas continúan en uso. Una estampa que empieza a repetirse cada otoño y que obliga al comercio a adaptarse a un calendario cada vez menos previsible.

"Llevamos unos años en los que en octubre viene calorcito", reconoce Begoña Fernández Oro, responsable de MFB, una tienda de moda de Santiago de Compostela. Esta situación tiene consecuencias directas en las ventas: cuesta más dar salida a las prendas de invierno. "La gente quiere comprar, pero no quiere prendas de abrigo", explica. La solución pasa por mantener en los escaparates vestidos, camisetas y prendas de punto finas, que permiten seguir vendiendo mientras los abrigos esperan su momento. “Es lo que nos salva la campaña”, admite.

El problema no es solo la ropa que permanece en las perchas, sino también el momento de sacarla a la venta. Los abrigos, las cazadoras gruesas y los chubasqueros pierden protagonismo cuando las temperaturas siguen siendo suaves. "Hay alguna persona caprichosa que ya va comprando con antelación su talla, pero, en general, la gente espera", señala Fernández Oro. Por eso, los comercios buscan prendas versátiles que funcionen durante más semanas. “La primavera después tarda y ahora el calor viene tarde, dura mucho. Tienes que mantener el stock de prendas que se vendan, como vestidos, camisetas o cazadoras finitas”, resume.

En Charol, también en Santiago, Gara Araújo confirma que los clientes empiezan a interesarse por la colección de invierno, aunque todavía convive con prendas más ligeras. "La gente tiene muchas ganas de comprar ropa de invierno", explica. De momento, en la tienda venden camisas, pero también empiezan a salir parcas y jerséis. Parte de esas compras se adelantan por miedo a quedarse sin talla, más que por una necesidad inmediata de abrigarse. “Ya hay ropa muy chula y no vaya a ser que se quede sin talla”, apunta Araújo. La colección de esta temporada, añade, combina los clásicos marrones, grises y camel con propuestas más coloridas.

Fuera de las tiendas, las reacciones son variadas, aunque predomina la satisfacción por poder seguir disfrutando de la ropa de verano. "En esta época ya estábamos con los paraguas y los abrigos", recuerda una clienta compostelana, que lleva la cazadora en la mano en lugar de puesta. Otros no tienen ninguna prisa por cambiar de vestuario. "Por mí, todo el año así", comenta un hombre en pantalón corto. Una pareja pone la comparación más gráfica: "Esto parece Puerto Rico". Él es de la isla y ella, gallega. Ambos siguen utilizando ropa veraniega, aunque reconocen que esta situación complica la temporada a los comercios.

Mientras los clientes apuran las últimas semanas de manga corta, las tiendas confían en que el frío llegue a tiempo para dar salida a las colecciones de invierno. El calendario comercial, sin embargo, no se detiene. Cada semana que pasa, cuenta, para que unas prendas que llevan meses preparadas para ver la calle, salgan del armario.

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