Hablemos de sexo. Es un tema del que no suelo hablar mucho en el Cielo, porque los ángeles no tienen. Si a eso le añadimos que mi madre es virgen...Pero yo no estoy en contra del sexo, el sexo solo es pecado cuando se hace mal.

El otro día cayó en mis manos un libro muy parecido a la Biblia, el Kamasutra. Ambos hablan de cosas que nunca se cumplen. Como sabéis, trata de un montón de posturas sexuales, pero yo lo tengo claro: mi favorita es la del misionero.

Hay quien dice que se llama así porque era la que empleaban los misioneros cuando fueron a evangelizar otros continentes. Durante la Edad Media era la única permitida por la Iglesia, ya que se consideraba la postura "más casta" , favorecedora de la fecundación ( "creced y multiplicaos"), con el hombre encima de la mujer, como Dios manda y si se puede, con el camisón puesto y la luz apagada.

El "Summae Confesorum", libro guía para el confesor, algo así como su Código Penal de consulta, establecía varios castigos para aquellos que se saltaran la norma. Por ejemplo, si ella estaba encima durante el coito, tres años de prisión; para la postura lateral, de pie, sentada o por detrás 40 días.

Sin embargo, esta postura tan santa y católica nunca se llamó "del misionero", sino "postura angelical o de la serpiente". El nombre del misionero aparece por primera vez en el libro "Sexual Behaviour in the Human Male", escrito en 1948 por el famoso sexólogo Alfred Kinsey, el del Informe Kinsey ( muchos habréis visto la peli del mismo nombre, protagonizada por Liam Neeson), que hizo una mala interpretación de una anotación de un libro escrito en 1929 por el experto antropólogo Bronislav Malinowski ( éste creo que no tiene peli).

Como los libros de Kinsey se vendieron como churros, la expresión "postura del misionero" pasó a la cultura popular. Y ya sabéis una cosa má, pecadores. ¡Hasta la semana que viene!

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