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Mitos y falsas creencias históricas sobre la masturbación

Las cosas más locas que se han dicho sobre la masturbación en la historia y que no habías escuchado hasta ahora.

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  Madrid | 19/02/2019
Tomando el sol
Tomando el sol | Pixabay

Hoy, masturbarse es el pan nuestro de cada día, pero hasta hace no mucho tiempo, "hacerse una paja" era malísimo. Decían que podías enfermar, incluso morir, y su práctica estuvo sometida a la manipulación de muchos jueces del orden y moral social, para evitar el sucio vicio de tocarse los bajos y expulsar la esencia sagrada, lo que impediría que la especie humana estuviese abocada a su desaparición en el planeta Tierra. Siempre hubo una preocupación mayor por los hombres que por las mujeres, los portadores del elixir de la procreación, mucho más valioso que el óvulo de la fémina.

Un poco de historia (e histeria)

Las primeras prohibiciones masturbatorias empezaron a darse a inicios del siglo XVIII en Europa por un charlatán que se hacía llamar el Dr. Bekkers. Al "daño moral" que los curas decían que ocasionaba tocarse, se le sumaban graves "daños físicos". Era como hoy la homeopatía con brebajes para curar el cáncer, pero aquí se inventaban los efectos secundarios de tocarse para tener a la gente bien controlada. Su preocupación era que la masturbación conducía a la muerte segura. Hubo otro médico que escribió “Ensayo sobre las enfermedades producidas por la masturbación”, el Dr. Tissot, que tuvo más éxito y se hizo mucho más viral, ¡hasta el siglo XX se imprimieron sus panfletos! Tissot fue como un productor de "fake news" en la época, pero sin redes sociales, aunque sí muchos followers compartiendo sus pajas… mentales. Nada de lo que decía tenía ningún rigor, pero el populacho tragaba como con el Padre Nuestro día sí y día también, sin cuestionamientos, y otros curas e ilustrados le siguieron como ovejas. ¿A qué sonará este latigazo 'lobotomizador' de las masas? Bueno, seguimos.

No te masturbes o te corto las manos

El señor Tissot aseguraba que masturbarse causaba problemas de visión, epilepsia, tuberculosis, pérdida de memoria, problemas de espalda, te podía salir joroba, gonorrea, sífilis... y el famoso mito del acné y los granos, así como impotencia y tendencias suicidas. La joya de este médico y escritor, llegó a España en el siglo XIX, siempre fieles a nuestro habitual retraso. Entre los remedios para luchar contra la impureza de los más pequeños, se repetían diversas propuestas como salmos de iglesia: duerme en una cama dura y del lado derecho, date baños con agua fría, come ligero o aléjate de personas, cosas y lugares que induzcan al pecado.

Persecución en la infancia

Se publicaron muchos métodos para descubrir a los niños y niñas masturbándose, procedimientos que requerían una observación continuada, y se inventaron violentos remedios físicos contra este “vicio solitario” cuando no funcionaban los controles en pro de la castidad: se les hacían ataduras y vendajes de fuerza, o se les ponía una tabla de madera para dormir que impidiese el acercamiento de las manos a la zona genital, se les practicaba circuncisión sin anestesia, descargas eléctricas, etc. En estos años no nacerías con un pan bajo el brazo, pero el tronco para evitar manosearte, lo tenías garantizado.

Más delirios masturbatorios en el siglo XIX y hasta anteayer

La masturbación fue catalogada como una de las enfermedades del sistema nervioso en la infancia. En la mujer, la masturbación aparecía como posible causa de dos "enfermedades": la ninfomanía o "furor uterino" y la histeria, que en realidad no eran más que desahogos biológicos necesarios. En estos casos, el médico español Francisco Criado y Aguilar recetaba dosificaciones diarias de "medicamentos como el extracto alcohólico de lúpulo, bromuro de potasio, o pincelaciones en el bálano y en el clítoris con una solución de cocaína”, y rechazaba remedios quirúrgicos propuestos por otros médicos extranjeros como "pequeñas incisiones en el clítoris o la circuncisión". Un gran avance, sí señor. Las invenciones de Tissot se mantuvieron hasta mediados del XIX, principios del XX en España, cuando por fin cayeron del guindo y dijeron que "eran un poco exagerados los desastres que produce en el organismo tal modo de mancillar el cuerpo". Aunque algunos de sus argumentos, como la relación entre las pajas y la ceguera, volvieron de la mano derecha de los moralistas comesantos en la España del Nacionalcatolicismo.

Estas creencias perpetuaron un evidente maltrato en la infancia y adolescencia, pero menos mal que hoy tenemos claro que masturbarse y llegar al orgasmo es la fuente del autoconocimiento físico, del placer sexual y un potente liberador de tensión cuando te comen los nervios y necesitas relajarte y dormir como una marmota feliz y satisfecha.

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