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Alya ha descubierto que Boran está vivo y no ha podido soportar el golpe. Después de encontrarlo en la empresa de Cihan, donde llevaba unos días oculto, ha acabado en el hospital desbordada por todo lo que acaba de descubrir.

Han pasado 20 años y la vida de los Korhan poco tiene que ver con la de antes. El tiempo ha hecho de las suyas, pero la esencia de la familia sigue ahí: han cambiado, han llorado a los que ya no están y han pasado por momentos muy duros, pero sin soltarse la mano en ningún momento.