En el próximo capítulo…

Marta se muestra implacable, no cede a las presiones de Adolfo y asume que el beso que se dieron no le afecta. Consigue que se marche furioso y engañado. Rosa escucha la disputa, asumiendo que es su hermana Marta la que se interpone entre ellos. Carolina intenta que Manuela vigile a Rosa, cree que está peor desde que sabe que otra mujer se interpone y Marta, al escucharla, necesita saber si baraja algún nombre, pero su hermana lo ignora.

Don Ignacio despacha con Urrutia flecos pendientes de la fábrica antes de su regreso a Bilbao y se lamenta del desencuentro con sus hijas, teme que no se resolverá alejándolas de Puente Viejo. Marta intenta animar a Rosa, pero se sorprende al comprobar que su hermana le exige sinceridad y descubre, entonces, que lo escuchó todo, cuando Adolfo vino de víspera.

Dolores no aguanta y avisa a Encarnación de los rumores sobre el romance entre Matías y su hija, y de la bronca que tuvieron, ella y Marcela, en su presencia. Encarnación se encara con su hija, pero Alicia no se arruga y se muestra tan descarada que su madre termina por darle una bofetada. Alicia se marcha con toda la chulería que le da su soberbia.

Matías exige a Alicia saber lo sucedido con su esposa. La joven no se amilana y acusa a Marcela de haber sido la instigadora, además, le comenta que su madre también se ha enterado y de paso, aprovecha para pedir a Matías que le repita el modo en que tuvo que deshacerse de las armas. Matías lo hace, aunque un tanto extrañado, de su interés por escucharlo de nuevo. Alicia se pasea por la zona en la que Matías tiró las armas, revisa la zona y en su gesto percibimos que algo no le encaja.

Adolfo se sumerge en timbas para tratar de aliviar el dolor y el recuerdo de Marta. Gana siempre y cuando se lo cuenta a su hermano, éste se preocupa mucho y le aconseja prudencia, cree que los aldeanos tienen mal perder y puede tener un disgusto con ellos.

Antoñita informa a la marquesa de los cambios de humor de Francisca y coinciden en pensar que tanto encierro y la añoranza de su marido la están enloqueciendo, algo que a la marquesa no parece sonarle mal. Antoñita regresa con flores encargadas por Francisca, las mismas que le regalaba su marido y descubre la puerta del pabellón abierta y que Francisca no está.