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En una conversación muy sincera con Sahin, el joven ha confesado el vacío que siente al ver cómo todo aquello que daba por seguro se ha derrumbado de un día para otro.

Desde la orilla, Alya y Sadakat no han podido hacer otra cosa que esperar. Sin ver a Cihan, a Kaya ni al pequeño regresar, ambas han acabado abrazadas y llorando, aterrorizadas ante la posibilidad de que ocurra una desgracia.