La historia de amor entre Luisita y Amelia, apodada por los fans de 'Amar es para siempre' como 'Luimelia', ha tenido que superar muchos obstáculos pero, entre los más difíciles, ha estado sin lugar a dudas que Marcelino la aceptara. Luisita lo sabía cuando dio el paso de sincerarse con su padre y abrirle el corazón para revelarle lo que sentía.

"La gente va a empezar a comentar y lo que están haciendo está prohibido"
La primera reacción de incredulidad de Marcelino dio paso pronto al rechazo a una relación que él consideraba "prohibida", en línea con la mentalidad de la sociedad española de mediados de los 70. "Es muy fácil ser moderno cuando es la hija de otro. La gente va a empezar a comentar y lo que están haciendo está prohibido", reaccionaba cuando le preguntó Pelayo.

Marcelino fue dándose cuenta poco a poco de la realidad: lo que él pensaba al principio que era un "capricho" de su hija tras haber sido "engatusada" por Amelia, iba convirtiéndose en una relación real ante sus ojos, un amor que él no estaba dispuesto a aceptar. Una postura que llegó a su límite cuando Luisita decidió dejar de hablarle.

Manolita: "Lo único que podemos hacer con Luisita es quererla y estar a su lado"
El enfrentamiento entre padre e hija fue tan fuerte que ni la mediación de Manolita parecía surtir efecto: "Lo único que podemos hacer con Luisita es quererla y estar a su lado".

"Lo nuestro pasa por estar juntas y no por agachar la cabeza"
Pese a que Marcelino mantiene el rechazo a la relación lésbica, Luisita sigue firme: "No voy a renunciar a Amelia, nunca". "Lo nuestro pasa por estar juntas y no por agachar la cabeza", estalla cuando descubre que Amelia ha dejado su puesto en el hotel y que no sabe dónde ha pasado la noche.

Dos son los momentos que hacen pensar a Marcelino: el terremoto en Guatemala del que afortunadamente se salvó Leonor y, sobre todo, la detención de Luisita y Amelia tras ser denunciadas por su relación. Sin embargo, Marcelino va a seguir sin aceptar ese amor, provocando un nuevo enfrentamiento con su hija: "Tu problema es que desgraciadamente piensas como toda esa gente que opina que tu hija no es normal y que mi amor por Amelia es antinatural". Sí cambia un pequeño detalle: Marcelino ya no puede evitar sentirse culpable.

El momento de inflexión llega cuando Luisita le comunica una noticia inesperada: Amelia y ella han decidido irse a vivir a California para poder vivir de forma libre su amor. El miedo de Marcelino a perder realmente a su hija para siempre le hace dar un paso definitivo: comenzar a aceptar su relación.

Y el abrazo definitivo llega cuando Luisita le cuenta que han cambiado de opinión y se van a quedar a vivir en Madrid. Una reconciliación definitiva entre padre e hija. E, igual de importante, con Marcelino aceptando su amor por Amelia.