A ver, no os penséis que soy una cotilla o que me dedico a filtrarle información a mi jefa, para eso ya tiene a Dolo-Hari, la agente doble sevillana. Yo es que… bueno… simplemente me entero de las cosas por un vicio oculto que creo que ya alguna vez os he confesado. Y es que, como buena enfermera adicta a la profesión que soy, cada vez que visito una ciudad nueva siento la necesidad de ir a conocer los hospitales de esa zona.

Hay gente que hace cola en los museos, gente que degusta la gastronomía típica de la zona, y otros que se pierden en las calles y plazas… pues yo lo mismo, pero en los hospitales. Creo que ahora comprendéis por qué me llaman “saturada”,

Si el hospital es antiguo, tengo todo un museo restaurado ante mi. Si recorro los pasillos o me siento a echar la tarde en las sillas de Urgencias, es como si me perdiese por sus instalaciones. Y si visito la cafetería del hospital, degusto las especialidades típicas de ese área de salud. Y precisamente eso es lo que hago en la Clínica Híspalis cuando no tengo turno en Las Flores, visitar la cafetería de Rafi.

Una vez que estás allí, pues claro, pones la antena a ver de qué se habla en la competencia, lo normal. Esta vez me he enterado de que la jefa estaba de vacaciones en un resort, en vez de decidir si dejaba ir al congreso médico de Bruselas a Celia, que tiene un mosqueo encima que como le insista un poco Trini se viene a trabajar a Las Flores.

Como Carmen siga dejando el barco solo mucho más tiempo, no sólo va a tener que buscar un médico pediatra para completar la plantilla de su querida Híspalis.