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Coincidiendo con el día de la madre, Concha invita a sus hijos a pasar el fin de semana en una casa rural propiedad de Camilo, su nuevo novio, una especie de hippy eco-naturista trasnochado. Los Navarro acuden al encuentro con una mezcla de curiosidad y repelús sin saber que Manuel, muerto de celos, les ha seguido y amenaza con arruinar la celebración.

Eva, por su parte, atraviesa por un mal momento y ver que la vida sexual de su madre es más intensa que la suya no le alegra el día precisamente. Con la autoestima por los suelos, lo último que se imagina es que su sobrino Pedro pueda sacarle del hoyo y devolverle la alegría.