Marina Esmat es una mujer rusa que compró a su hijo un cachorro, que al tiempo resultó tener una "anomalía". Para arreglar su aspecto, la familia llegó a usar crueles y rudimentarios métodos, pero cuando no lo consiguieron optaron por la cirugía estética.

Los profesionales, como era de esperar, trataron de convencerlos de no hacerlo, pero la familia lo tenía claro: "habíamos decidido que sería más estético". La historia completa es lo más triste que verás hoy.