Aunque al final sus delitos han salido a la luz, el productor Harvey Weinstein pusó mucho empeño en que estos nunca fueran descubiertos. Con ese fin llegó incluso a contratar a ex-agentes de inteligencia no solo para investigar las publicaciones de sus víctimas sino también las de los periodistas que indagaban sobre el caso, según cuenta The New Yorker.

Según el artículo, publicado por Ronan Farrow, en el caso había hasta 7 "espías" involucrados, pertenecientes a las empresas Black Cube y Kroll, que llevaban investigando por lo menos desde otoño de 2016. En éste, también se citan docenas de documentos e informes realizados con el fin de evitar cualquier publicación en contra del ex-productor.

Uno de los casos citados se centra en la actriz Rose McGowan, la cual fue contactada en diversas ocasiones por una ex-agente israelí perteneciente a Black Cube. Ésta, haciéndose pasar por hacía pasar por una militante de los derechos de la mujer, grabó gran cantidad de conversaciones con la actriz porque iba a publicar un libro con sus memorias titulado 'The Brave' y su contenido preocupaba a Weinstein.

Su grupo de investigadores no solo se componía de esos 7 agentes, pues llegó incluso a usar a trabajadores de su productora para realizar llamadas que algunos de los que las recibieron denominaron como "intimidatorias". También se dedicaron a investigar no solo la información que los medios poseían, sino la vida personal de los reporteros para poder desacreditarles e intimidarles.

El propio Harvey Weinstein monitorizaba personalmente estas investigaciones y con ayuda de sus abogados las iba conduciendo. Por el momento, no se ha pronunciado al respecto.