Siglo XVIII. Nacida en una familia burguesa, Suzanne (Pauline Etienne) es una joven brillante y hermosa. Su mundo se desmorona cuando sus padres la envían a un convento para convertirse en monja. Allí se dará de bruces con la dura jerarquía que domina todos los aspectos de su nueva vida: las madres superioras juzgan con dureza las dudas y la rebeldía de Suzanne.