Terror en el supermercado

Terror en el supermercado

¿Por qué metemos en el carro alimentos que luego nunca comemos? Trucos para evitarlo

Vas al supermercado, cargas y vuelves a casa con cosas que luego nunca llegas a comerte. Ay, madre, tú lo que necesitas son nuestros consejos para que nunca, nunca, vuelva a pasarte esto.

Fíjate bien en la fecha de caducidad.
Fíjate bien en la fecha de caducidad. | Flickr

Admítelo: hay veces que vas a al hipermercado y vuelves con cosas que luego NUNCA vas a comer. Sin ir más lejos, antes de escribir este texto, he buscado en mi cocina y me he topado con una lata de carne con algún tipo de salsa que jamás abriré, un refresco de sabor megaexótico que lleva caducado desde que 'El baile del gorila' de Melody fue número uno o una extraña barrita energética de sabores imposibles que jamás entrará en mi body. ¡Ah! También hay una salsa de Newman's Own comprada cuando Paul Newman pasó a mejor vida a modo de homenaje. Y que sigue ahí, sin abrir.

Bien, esta extraña tendencia a acumular comida, alimentos, subproductos de todo tipo, etc, puede controlarse. Aquí te damos 10 consejos para que tu despensa no acabe reventando con paquetes que, seguramente, nunca vas a abrir.

¡Está de oferta!, ¡no lo necesito!, ¡lo quiero! Ay, ay, ay... Es cierto que esa mermelada de naranja amarga está rebajada en un 30% pero, escucha, ¿realmente te gusta? A veces, ahorrando 40 céntimos lo que hacemos, en realidad, es meter en nuestra cocina productos que jamás de los jamases vamos a utilizar. Piensa, además, que muchas veces son los alimentos más rarunos los que están rebajados.

Olvídate del 3x2. Es una oferta clásica de hipermercados y grandes superficies y, en ocasiones, no te hace ninguna falta. Piénsalo: con una bolsa de patatas fritas es bastante. Pero, claro, si compras dos, ¡te regalan la tercera! Acabas picando, claro.

Cuidado con los productos de las cajas. Mientras esperas a pagar te esperan numerosas tentaciones en los laterales de las cajas que pueden acabar yéndose a casa contigo. ¿A qué no recuerdas muy bien que hacen esas gominolas de aguacate en tu armario de la cocina? Sí, las cogiste mientras esperabas para pagar en una caja.

No compres pensando en que "un día te va a venir bien". Es uno de los mecanimos más habituales. No es un producto que utilices habitualmente, pero sí le ves futuro en una receta que tienes pensado hacer algún día... Lo cierto es que van pasando los meses, los años... y un buen día te topas, apartando botes, con una mostaza con sabor a algas que no sabes para qué servía.

No compres pensando "no tengo nada como esto". Mira, hay una cosa clara: si hasta ahora no tenías ninguna crema de aceitunas en casa, por algo será. Bien está lo de tener alternativas en casa, pero que vayan acorde con tu estilo de vida.

Compra solo para ti. Nunca, nunca, nunca pienses en esa prima tuya que viene una vez al año y que toma esa variedad de té o en ese amigo de tu novio que adora los aperitivos con sabor jabalí picante. Esto es garantía de que, si ese año fallan o, por lo que sea, no toman nada, acabarás encontrando esos productos una y otra vez cuando abras tu armario.

Haz siempre la lista de la compra. No te tomará mucho tiempo. Echa un vistazo a lo que tienes en casa, coge papel y boli y apunta: es la mejor manera de comprar solo lo que realmente necesitas.

Lo atractivo no siempre es necesario. Hay paquetes que parecen diseñados por algún genio, con sus atractivas formas, colores impactantes y un nombre que suena realmente bien. Sí, te llamaron la atención y te trajiste a casa los PUPITOS, pero no sabes qué demonios son.

Fíjate en la fecha de caducidad. Ojo con esto porque, a veces, por las prisas, te llevas a casa alimentos a los que les queda un telediario para caducar. La cosa se agrava si, además, ni siquiera son cosas que tomas a menudo y luego tienes que acabar trasladándolos... al cubo de la basura.

Cambia tus hábitos de compra. ¿Eres de los que vas una vez cada tres semanas al hipermercado y cargas como si no hubiera un mañana? Pues ese es el fallo, chaval. Procura acudir a hacer la compra cada menos tiempo y verás como no metes tanto trasto en casa.

El consejo dietético

El esquí es por naturaleza un deporte completo que exige una importante fortaleza física. Dado que se practica durante horas, el usuario debe ser consciente del enorme esfuerzo que el deporte exige. Por ello es tan importante llevar una correcta alimentación, la cual ayudará a obtener el mejor rendimiento individual y a disfrutar al máximo.
El objetivo primordial de la alimentación es el de cubrir las necesidades de energía y nutrientes del organismo, que son distintas en cada caso y dependen de numerosos factores, entre ellos, el grado de actividad física individual. En el esquí, el grado de actividad física y por tanto el consumo energético, depende de factores relevantes, tales como:
- Las condiciones metereológicas,
- La fricción de tabla con la nieve,
- La técnica utilizada por el esquiador,
Y a estos factores, se unen dos elementos básicos: la duración del ejercicio y la intensidad del mismo.

El desayuno, fundamental

Es habitual madrugar para esquiar y aprovechar las horas de luz. Esto obliga que el mayor consumo de calorias se ingieran en las primeras horas del día. Un desayuno copioso y fácil de digerir al mismo tiempo, debe incluir alimentos ricos en distintos nutrientes, dando prioridad a los hidratos de carbono sobre el resto:
- Hidratos de carbono: pan, tostadas, cereales, galletas, mermelada...
- Proteínas: leche, yogur, queso, fiambres, jamón serrano, tortillas, etc
- Grasas: mantequilla o margarina, quesos curados, frutos secos...
- Vitaminas y minerales: fruta o zumos...
Las alternativas son múltiples y variadas, lo importante es que incluya alguno de los alimentos anteriores.

Ejemplo 1: Vaso de leche con cereales, tostadas con mantequilla y mermelada, zumo o fruta.
Ejemplo 2: Bocadillo de tortilla de patata, fruta o zumo y café con leche y azúcar.

Los hidratos de carbono son nutrientes esenciales para proporcionar la energía necesaria para la práctica deportiva, y poder recuperar el tono muscular tras el ejercicio porque permiten reponer el glucógeno, la principal fuente de energía del músculo que se ha consumido. Si se trata de una comida previa a una competición, ésta se realizará al menos tres horas antes de la práctica deportiva.
Realizar una actividad física en ayunas puede producirte desfallecimientos, mareos y por supuesto, disminuye tu rendimiento.

Tentempié a media jornada

Las ansias por aprovechar al máximo toda la jornada hace que muchos aficionados no paren unos minutos para reponer fuerzas. Dado que la actividad se prolonga durante horas, es conveniente llevar algo de comida encima, en forma de pequeños alimentos que nos proporcionen energía en el momento en el que notemos que éstas se debilitan más de lo normal. Es el momento de detenerse y repostar con algo sólido que contenga hidratos de carbono: galletas, chocolate, barritas energéticas, pan de arroz o de frutos secos, muesli, zumos, plátanos u otras frutas, bebidas energéticas que combinan zumo y leche, etc. Esto permite mantener el ritmo de ejercicio y dejar a un lado la fatiga y el cansancio.

La hidratación, básica

El ejercicio físico conlleva una gran pérdida de líquidos. En el esquí, la ropa de abrigo contribuye a aumentar la pérdida de líquidos al incrementar la sudoración. A esto hay que añadir que el frío favorece la contracción de los vasos y facilita la diuresis que es otra forma de perder líquidos. Por ello, es fundamental tomar con frecuencia -cada 20 o 30 minutos- un poco de agua o de líquidos (infusiones, zumos...). Las bebidas isotónicas pueden ser una ayuda imprescindible para los deportistas más experimentados, donde además de líquidos se reponen los electrolitos.

En cualquier esfuerzo que se prolongue por más de una hora se aconseja tomar un buen vaso de agua antes de comenzar el ejercicio y la misma cantidad cada hora u hora y media. Dado que aproximadamente dos tercios del peso corporal es agua, la pérdida no compensada de agua merma la capacidad del individuo para realizar cualquier tipo de ejercicio.

Recuperar fuerzas

Después de la jornada de esquí, lo que procede es planear una merienda-cena consistente para que el organismo pueda reponer sus reservas de glucógeno (reserva de energía que se acumula en hígado y músculos).
Las sopas y caldos pueden estar bien, ya que además de entonar el cuerpo, proporcionan líquidos y sales minerales que contribuyen a la hidratación. La presencia de alimentos ricos en hidratos de carbono siempre es acertada, en forma de pan, o para variar con respecto a la comida, en forma de arroz o pasta o patata. La ensalada y la fruta enriquecen la dieta del día en vitaminas y minerales. Los alimentos proteicos (carnes, pescados o huevos) pueden estar presentes como ingrediente principal del segundo plato o como ingrediente de primeros platos (ensaladas con atún y huevo duro, pasta con atún y gambas, ensalada de pasta y pollo, arroz con huevo frito, etc.).

- See more at: http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/deporte/2003/03/11/58816.php#sthash.OiZzKiBC.dpuf

El consejo dietético

El esquí es por naturaleza un deporte completo que exige una importante fortaleza física. Dado que se practica durante horas, el usuario debe ser consciente del enorme esfuerzo que el deporte exige. Por ello es tan importante llevar una correcta alimentación, la cual ayudará a obtener el mejor rendimiento individual y a disfrutar al máximo.
El objetivo primordial de la alimentación es el de cubrir las necesidades de energía y nutrientes del organismo, que son distintas en cada caso y dependen de numerosos factores, entre ellos, el grado de actividad física individual. En el esquí, el grado de actividad física y por tanto el consumo energético, depende de factores relevantes, tales como:
- Las condiciones metereológicas,
- La fricción de tabla con la nieve,
- La técnica utilizada por el esquiador,
Y a estos factores, se unen dos elementos básicos: la duración del ejercicio y la intensidad del mismo.

El desayuno, fundamental

Es habitual madrugar para esquiar y aprovechar las horas de luz. Esto obliga que el mayor consumo de calorias se ingieran en las primeras horas del día. Un desayuno copioso y fácil de digerir al mismo tiempo, debe incluir alimentos ricos en distintos nutrientes, dando prioridad a los hidratos de carbono sobre el resto:
- Hidratos de carbono: pan, tostadas, cereales, galletas, mermelada...
- Proteínas: leche, yogur, queso, fiambres, jamón serrano, tortillas, etc
- Grasas: mantequilla o margarina, quesos curados, frutos secos...
- Vitaminas y minerales: fruta o zumos...
Las alternativas son múltiples y variadas, lo importante es que incluya alguno de los alimentos anteriores.

Ejemplo 1: Vaso de leche con cereales, tostadas con mantequilla y mermelada, zumo o fruta.
Ejemplo 2: Bocadillo de tortilla de patata, fruta o zumo y café con leche y azúcar.

Los hidratos de carbono son nutrientes esenciales para proporcionar la energía necesaria para la práctica deportiva, y poder recuperar el tono muscular tras el ejercicio porque permiten reponer el glucógeno, la principal fuente de energía del músculo que se ha consumido. Si se trata de una comida previa a una competición, ésta se realizará al menos tres horas antes de la práctica deportiva.
Realizar una actividad física en ayunas puede producirte desfallecimientos, mareos y por supuesto, disminuye tu rendimiento.

Tentempié a media jornada

Las ansias por aprovechar al máximo toda la jornada hace que muchos aficionados no paren unos minutos para reponer fuerzas. Dado que la actividad se prolonga durante horas, es conveniente llevar algo de comida encima, en forma de pequeños alimentos que nos proporcionen energía en el momento en el que notemos que éstas se debilitan más de lo normal. Es el momento de detenerse y repostar con algo sólido que contenga hidratos de carbono: galletas, chocolate, barritas energéticas, pan de arroz o de frutos secos, muesli, zumos, plátanos u otras frutas, bebidas energéticas que combinan zumo y leche, etc. Esto permite mantener el ritmo de ejercicio y dejar a un lado la fatiga y el cansancio.

La hidratación, básica

El ejercicio físico conlleva una gran pérdida de líquidos. En el esquí, la ropa de abrigo contribuye a aumentar la pérdida de líquidos al incrementar la sudoración. A esto hay que añadir que el frío favorece la contracción de los vasos y facilita la diuresis que es otra forma de perder líquidos. Por ello, es fundamental tomar con frecuencia -cada 20 o 30 minutos- un poco de agua o de líquidos (infusiones, zumos...). Las bebidas isotónicas pueden ser una ayuda imprescindible para los deportistas más experimentados, donde además de líquidos se reponen los electrolitos.

En cualquier esfuerzo que se prolongue por más de una hora se aconseja tomar un buen vaso de agua antes de comenzar el ejercicio y la misma cantidad cada hora u hora y media. Dado que aproximadamente dos tercios del peso corporal es agua, la pérdida no compensada de agua merma la capacidad del individuo para realizar cualquier tipo de ejercicio.

Recuperar fuerzas

Después de la jornada de esquí, lo que procede es planear una merienda-cena consistente para que el organismo pueda reponer sus reservas de glucógeno (reserva de energía que se acumula en hígado y músculos).
Las sopas y caldos pueden estar bien, ya que además de entonar el cuerpo, proporcionan líquidos y sales minerales que contribuyen a la hidratación. La presencia de alimentos ricos en hidratos de carbono siempre es acertada, en forma de pan, o para variar con respecto a la comida, en forma de arroz o pasta o patata. La ensalada y la fruta enriquecen la dieta del día en vitaminas y minerales. Los alimentos proteicos (carnes, pescados o huevos) pueden estar presentes como ingrediente principal del segundo plato o como ingrediente de primeros platos (ensaladas con atún y huevo duro, pasta con atún y gambas, ensalada de pasta y pollo, arroz con huevo frito, etc.).

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El consejo dietético

El esquí es por naturaleza un deporte completo que exige una importante fortaleza física. Dado que se practica durante horas, el usuario debe ser consciente del enorme esfuerzo que el deporte exige. Por ello es tan importante llevar una correcta alimentación, la cual ayudará a obtener el mejor rendimiento individual y a disfrutar al máximo.
El objetivo primordial de la alimentación es el de cubrir las necesidades de energía y nutrientes del organismo, que son distintas en cada caso y dependen de numerosos factores, entre ellos, el grado de actividad física individual. En el esquí, el grado de actividad física y por tanto el consumo energético, depende de factores relevantes, tales como:
- Las condiciones metereológicas,
- La fricción de tabla con la nieve,
- La técnica utilizada por el esquiador,
Y a estos factores, se unen dos elementos básicos: la duración del ejercicio y la intensidad del mismo.

El desayuno, fundamental

Es habitual madrugar para esquiar y aprovechar las horas de luz. Esto obliga que el mayor consumo de calorias se ingieran en las primeras horas del día. Un desayuno copioso y fácil de digerir al mismo tiempo, debe incluir alimentos ricos en distintos nutrientes, dando prioridad a los hidratos de carbono sobre el resto:
- Hidratos de carbono: pan, tostadas, cereales, galletas, mermelada...
- Proteínas: leche, yogur, queso, fiambres, jamón serrano, tortillas, etc
- Grasas: mantequilla o margarina, quesos curados, frutos secos...
- Vitaminas y minerales: fruta o zumos...
Las alternativas son múltiples y variadas, lo importante es que incluya alguno de los alimentos anteriores.

Ejemplo 1: Vaso de leche con cereales, tostadas con mantequilla y mermelada, zumo o fruta.
Ejemplo 2: Bocadillo de tortilla de patata, fruta o zumo y café con leche y azúcar.

Los hidratos de carbono son nutrientes esenciales para proporcionar la energía necesaria para la práctica deportiva, y poder recuperar el tono muscular tras el ejercicio porque permiten reponer el glucógeno, la principal fuente de energía del músculo que se ha consumido. Si se trata de una comida previa a una competición, ésta se realizará al menos tres horas antes de la práctica deportiva.
Realizar una actividad física en ayunas puede producirte desfallecimientos, mareos y por supuesto, disminuye tu rendimiento.

Tentempié a media jornada

Las ansias por aprovechar al máximo toda la jornada hace que muchos aficionados no paren unos minutos para reponer fuerzas. Dado que la actividad se prolonga durante horas, es conveniente llevar algo de comida encima, en forma de pequeños alimentos que nos proporcionen energía en el momento en el que notemos que éstas se debilitan más de lo normal. Es el momento de detenerse y repostar con algo sólido que contenga hidratos de carbono: galletas, chocolate, barritas energéticas, pan de arroz o de frutos secos, muesli, zumos, plátanos u otras frutas, bebidas energéticas que combinan zumo y leche, etc. Esto permite mantener el ritmo de ejercicio y dejar a un lado la fatiga y el cansancio.

La hidratación, básica

El ejercicio físico conlleva una gran pérdida de líquidos. En el esquí, la ropa de abrigo contribuye a aumentar la pérdida de líquidos al incrementar la sudoración. A esto hay que añadir que el frío favorece la contracción de los vasos y facilita la diuresis que es otra forma de perder líquidos. Por ello, es fundamental tomar con frecuencia -cada 20 o 30 minutos- un poco de agua o de líquidos (infusiones, zumos...). Las bebidas isotónicas pueden ser una ayuda imprescindible para los deportistas más experimentados, donde además de líquidos se reponen los electrolitos.

En cualquier esfuerzo que se prolongue por más de una hora se aconseja tomar un buen vaso de agua antes de comenzar el ejercicio y la misma cantidad cada hora u hora y media. Dado que aproximadamente dos tercios del peso corporal es agua, la pérdida no compensada de agua merma la capacidad del individuo para realizar cualquier tipo de ejercicio.

Recuperar fuerzas

Después de la jornada de esquí, lo que procede es planear una merienda-cena consistente para que el organismo pueda reponer sus reservas de glucógeno (reserva de energía que se acumula en hígado y músculos).
Las sopas y caldos pueden estar bien, ya que además de entonar el cuerpo, proporcionan líquidos y sales minerales que contribuyen a la hidratación. La presencia de alimentos ricos en hidratos de carbono siempre es acertada, en forma de pan, o para variar con respecto a la comida, en forma de arroz o pasta o patata. La ensalada y la fruta enriquecen la dieta del día en vitaminas y minerales. Los alimentos proteicos (carnes, pescados o huevos) pueden estar presentes como ingrediente principal del segundo plato o como ingrediente de primeros platos (ensaladas con atún y huevo duro, pasta con atún y gambas, ensalada de pasta y pollo, arroz con huevo frito, etc.).

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Javier Sánchez | @srjaviersanchez | Madrid | 08/01/2016

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