Este local de Madrid ofrece comida asiática ‘freestyle’ en barra

Este local de Madrid ofrece comida asiática ‘freestyle’ en barra

Nakeima, el restaurante asiático de moda en el que hay que hacer cola

El dumpling de cerdo ibérico con salsa de cebolla o el saam de kobe están entre sus platos más celebrados. Entrar exige hacer cola, especialmente los fines de semana.

La cocina aiática de Nakeima se disfruta en barra.
La cocina aiática de Nakeima se disfruta en barra. | Nakeima

Sábado, 19.30 horas. Mientras en los bares muchos ven el partido del Madrid o del Atleti, un puñado de personas hacen cola ordenadamente frente a la puerta de un local cerrado en el madrileño barrio de Argüelles. Dentro, se puede ver a un grupo de cocineros trabajando frenéticamente al ritmo de la música. A las 20.30, un joven en delantal sale para apuntar a los que entrarán a partir de las 21.00 horas. Solo 20 comensales, ni uno más, ni uno menos. Los últimos en llegar se quedan fuera y no pueden disimilar una mueca de decepción. Estas son las reglas de Nakeima, la barra asiática más de moda en Madrid capaz de atraer a jóvenes 'foodies', parejas de mediana edad, críticos gastronómicos o colegas que no siempre pueden entrar. “El otro día vino aquí José Andrés y al final no pudimos atenderle”, explica Roberto Martínez, uno de los chefs de esta exitosa barra y excocinero de Nikkei 255, uno de los más emblemáticos restaurantes asiáticos de Madrid. No se doblan turnos: la veintena de privilegiados que entran se quedan dentro hasta que el estómago dice basta. Tampoco hay un mínimo ni un máximo de platos para comer. Te puedes retirar después del primero o zamparte todo el menú.

Porque cuando decimos barra, queremos decir barra. De los 20 comensales que acceden al local, la mayoría comen pegados al mostrador en el que un equipo de cuatro o cinco personas va preparando los platos a velocidad ultrasónica. Dos parejas tienen que conformarse con ver el espectáculo de lejos, en dos mesas altas que hay ubicadas en la sala. Apenas hay una decena de taburetes, así que muchos comen de pie, como si estuvieran en un puesto callejero de Singapur o de Hong Kong.

Aunque la carta figura en una pizarra, los cocineros hacen sus sugerencias, como en un restaurante de producto. “Hoy tenemos dumpling de cerdo asado con salsa de cebolla, probadlo”. Nakeima lleva el apellido de “dumpling bar” y se entiende cuando te metes en la boca su exquisita y delicadísima versión de la empanadilla oriental al vapor. Buenísima, pero, hala, nada de dormirse en los laureles, que el banquete sigue.

En su apuesta por el producto de temporada, no hacen ascos a la lamprea, que llega cocinada en su propia sangre coronando un chirashi. Meter este pez prehistórico, que a algunos les da repelús en la carta es un acierto brutal: a los aficionados a la cocina oriental no les tira tanto para atrás porque, al fin y al cabo, la anguila suele ser un ingrediente habitual y es que encima está de mo-rir-se.

El tataki de pez mantequilla es otra de esas delicias que no se pueden dejar pasar. El pescado va simplemente marcado a la plancha, con lo que mantiene intacta su textura. Combinarlo con la salsa de miso que te ponen te eleva a los altares del sabor. Puede que por un momento pienses, “¿no será que he palmado y estoy en el cielo?”. Pero no, de repente suena un trallazo de U2 y te das cuenta de que estás en Nakeima.

Celestiales también son los nigiris que ponen. El de langostino con ajo frito por encima engaña a tu paladar, que piensa que está en Huelva comiéndose unas gambas aliñadas. El de panceta ibérica, al que le meten un toque de soplete, es un espectáculo: el fuego hace que la grasilla caiga grácilmente sobre el arroz. Si no estás salivando como Homer Simpson en este punto es que, o eres vegetariano o no te gusta comer.

Otros platos dignos de probarse son el rollito de primavera que probablemente vaya a ser el mejor que has comido en tu vida. Sí, la receta es la misma que la de cualquier chino, pero ahí acaban las similitudes. Crujiente, sabroso y nada grasiento. Comerlo con palillos está solo al alcance de los maestros Jedi en el arte del pinzamiento.

También está bueno el saam de kobe. Se trata de una pieza de carne de buey que coge con una hoja de lechuga. Se enrolla y pa’dentro. Últimamente está muy de moda este “rollito de hoja” y aunque está bueno, no sorprende tanto.

Cuando te quieres dar cuenta, te has pasado dos horas de pie, comiendo delicias absolutas y ya tienes el estómago lleno. Además, el buen rollo del equipo, que te explica pacientemente cada uno de los platos, lo convierte es una experiencia que trasciende lo gastronómico. Podrías seguir, pero algo en tu cabeza te dice que no, que dejes el resto de la carta para la próxima ocasión. Nakeima (y sus colas) seguirán ahí.

Nakeima. Meléndez Valdés, 54, Madrid. Teléfono 620 70 93 99.

Horario, de martes a domingo, abren a las 14.00 y a las 21.00 horas y no aceptan reservas. Precio medio: 25-30 euros.

Pista Cocinatis: Ojo a la planta de arriba del local, donde pronto servirán menús degustación (en mesa).

Javier Sánchez @srjaviersanchez | Madrid | 07/04/2014

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