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Cómo no hacer el panoli en vacaciones con la comida

En vacaciones, y más si nos vamos a la Cochinchina, toca cambiar de costumbres alimenticias. Ante este nuevo horizonte de delicias desconocidas, no son pocos los que se bloquean. Este artículo os ayudará a relajaros y disfrutar de las delicias locales. Creednos.

¿Ya de vacaciones? Pues toma nota, muchacho.
¿Ya de vacaciones? Pues toma nota, muchacho. | Pixabay

Llevas días mirando tu calendario del ordenador, deseando con ansia que llegue la fecha de coger vacaciones y embarcarte en un sorprendente viaje a un lugar lejano... lo único que te acongoja es el tema de la comida. De hecho, te despiertas en mitad de la noche, sudoroso, preguntándote si podrás comerte allí lentejas como las de tu madre... venga, muchacho, no seas zanguango. Es hora de abrir tu mente. Estos 10 consejos te pueden ayudar.

No metas comida en la maleta. Bufff, ¿de verdad vas a llenar ese precioso espacio de tu maletita tamaño duende apta para aerolíneas low cost con latas de mejillones al escabeche? Venga, hombre, open your mind, que no hay nada más penoso de ver que esa peña que va por la calle en Tailandia jalando un paquete de torreznos ibéricos. O-pen-your-mind.

Donde toque, agua embotellada. Este consejo sí es bueno. Porque tan malo es el exceso como el defecto. Y junto a los melindres que se llevan de casa hasta la sal y el azúcar, está la vertiente De la Quadra Salcedo (Frank de la Jungla para las nuevas generaciones), que comen y beben sin precaución alguna. Recuerda que lo del agua embotellada es bastante recomendable para no acabar con diarreas explosivas.

Pide las especialidades locales. Sí, importante. Si vas a un restaurante en Vietnam, por ejemplo, lo suyo es probar la sopa Pho y no los espaguetis carbonara que tienen en el menú, a modo de plato para niños. Si esto no te convence, recuerda tu Instagram y lo mal que quedarías tú, con un ídolo de barro al fondo y comiendo un plato más italiano que Andrea Pirlo.

No seas tiquismiquis. No hay nada más triste de ver que una persona que, en los viajes, se convierte en diseccionador de platos quitando eso "porque no me gusta" o aquello "porque parece raro". Trata de dejar tus adorables manías en casa y disfruta con la comida, muchacho. En realidad, si te lo están ofreciendo, es porque se puede comer. Y que huela raro no es motivo para no probarlo, ¿verdad?

Pasa de las franquicias. La globalización trae consigo estas cosas y lo mismo estás en la Ciudad Prohibida comiendo una hamburguesa que en Bangkok bebiendo un frapuccino tamaño XXL. Recuerda que son cosas que se consumen en todo el mundo y que estás perdiendo una oportunidad única de practicar la inmersión cultural. Sí, nos hemos puesto un poco pedantes, pero es que contigo no se puede...

Esquiva las zonas turísticas. Los que, al volver del viaje, pasan un mes dándote la matraca con que un café en la plaza de San Marcos cuesta 10 euros y que vaya robo no merecen ni que eches un vistazo a su álbum de fotos del verano. Está claro que hay sitios donde te dan el palo en plan profesional, asi que nuestro consejo es que te salgas de la calle o plaza principal y comas en la paralela. Ahorrarás unos eurales.

Consulta el Interneeeeeé. Esto ya no tenemos ni que decírtelo, pero creemos firmemente en el poder de la gente. Antes de aventurarte hacia un destino, nuestro consejo es que eches un ojo a la web y te informes bien sobre dónde se come guay o cuál es el bar más molón de la zona. Seguro que así no fallas. Palabrita.

No abuses del bufet libre. Oh oh oh. Si eres de esas personas que van con media pensión en las vacaciones, aviso para navegantes. En la mayoría de los hoteles te espera un bufet libre cutrongo de ese que hace que vuelvas a casa con siete u ocho kilos de más y preguntando a tu divinidad que has hecho para ser la versión en bermudas de Adele.

Consulta las tradiciones en la mesa. Hay países en los que se come con la mano. Seguramente, a tí, como turista que eres, te ofrecerán cubiertos, así que ahórrate la muesca de disgusto y el amago de náusea. En cada

Deja YA eso de "lo mío es mejor". No seas cansino. Si eres de esas personas con cierta tendencia a decir aquello de "como en mi casa en ningún sitio", lo mismo no deberías ni salir del portal. No hay nada más pesado que oir al chauvinista de turno repitiendo cutreces como "es que la carne de mi pueblo..." o "este queso está bueno, pero el que compra mi abuela en la aldea...". Déjalo, porque es un coñazo y, además, seguro que estás comparando peras con manzanas.

Javier Sánchez | @srjaviersanchez | Madrid | Actualizado el 23/06/2018 a las 13:05 horas

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