Hacia el objetivo imposible de una resaca leve

Hacia el objetivo imposible de una resaca leve

Alejaresacas y chupaalcoholes: siete aliados a los que recurrir en plena noche de parranda

Sándwich mixto, kebab, pasta... todos te pueden echar una mano en plena noche salvaje para que al día siguiente la cosa sea más leve. ¿Quién no hace un break en plena noche para hincarse algo?

Hay un determinado momento en toda noche de acción, de juerga, de fiesta, en la que el estómago protesta. Llevas echándole únicamente alcohol durante unas horas y tus tripas claman por algo de comida con lo que acompañar aquello. De repente, tu vientre se conecta con tu cerebro y recibes un mensaje: "Come". Lo repite: "Come, muchacho". Y finalmente te lo pone claro como el agua (esa que no has probado en toda la noche): "Come algo. Come un ALEJARESACAS o un CHUPAALCOHOL que mañana alivie tu malestar". Bien, orden recibida. Ahora te preguntas, rebuscando afanosamente los últimos cuartos que te quedan en el bolsillo, ¿qué me meto entre pecho y espalda?. Veamos las opciones

Kebab. El preferido del autor de este artículo. No quiero ser un ejemplo para nadie, pero en plena noche no hay nada que me apetezca más que un doner kebab. La alianza pan de pita+¿carne?+ salsas provoca en mí una sensación endorfínica que hace que me olvide de las copas que me sobran en el cuerpo. Y me hace tener esperanza en el futuro inmediato: la mañana siguiente, claro.

Pasta. Dice la eminente gastronomista Carme Gasull que un plato de espaguetis "lo chupa todo". No voy a ser yo el que la contradiga. Eso sí, que me lo den hecho, porque a esas horas ponerse a cocinar un plato de macarrones a la carbonara adquiere dificultad de pantalla final del Abu Simbel Profanation. Y si te pones a hornear una pizza te puede pasar como a aquel, que se durmió en el sofá esperando y a punto estuvo de quemar el edificio. Italianos abiertos 24 horas, sed bienvenidos.

Patatas fritas. A cascoporro, podríamos añadir. Entre la oferta de comida rápida, parece lo más sensato para alejar la resaca que se avecina y que promete durar hasta el miércoles: se avecina marejada a fuerte marejada. Bueno, al lío, el hecho es que las patatas fritas tienen potasio, un mineral que probablemente te eche un cable con las neuronas que has perdido por el camino. Además, parece un material relativamente fácil de conseguir, ¿no?

Tortilla de patatas. El viejo truco: preparar una magna tortilla de patata antes de salir para, al llegar a casa en un estado semicomatoso, proceder a su ingesta. La proteína del huevo puede obrar milagros en tu organismo preresacoso. Hazte un favor: haz todo lo posible para olvidar que esto está esperándote en la cocina de tu casa. Si no, pasada determinada hora solo querrás llegar a tu hogar. Ah, y si no te acuerdas, puedes llegar a llorar como un niño al verla en un platito con papel albal puesto por encima. Una de cada 10 personas hablan de la tortilla de patata esperándoles a la vuelta de una noche loca como uno de los mejores recuerdos de su vida. Seguro.

Sopa. Ya sabemos que existen posibilidades remotas de que quieras tomarte una sopita minutos después de haber cantado un hit de David Guetta mientras hacias un air dj, pinchando en el aire (bueno, es un poco lo mismo que hace él, así que tan desencaminado no vas), pero, oye, sería una opción buenísima: nutritiva, fácil de digerir y proteínica si el caldo es de ave o de pollo. Pregunta a tu dealer de comida de madrugada por algún tipo de movida metida en caldo y triunfarás.

Yogur. Bien. Esto lo tienes en la nevera en un 99% de posibilidades. Va a ser bastante fácil de comer y te puedes apretar varios. El calcio y la vitamina B5, unidos como si fuera un capítulo de Érase una vez la vida, paseando por tu cuerpo jota y arrinconando al malévolo alcohol en una esquina de tu hígado. ¿Quién te iba a decir a ti que un desnatado 0% iba a salvar tu vida? Pues ahí lo llevas.

Sándwich mixto. Un all star antiresaca: jamón york, queso, pan y mantequilla. Proteínas, hidratos de carbono, calcio... Además, esa textura esponjosa activa en tu cabeza esa sensación de estar cogiendo a la resaca por el cuello mientras le dices eso de: "Eh, vale, ayer me pasé, pero sé clemente, sé clemente...". Tardarás cinco segundo en hacerlo y te sentirás como un dios del Olimpo al día siguiente. Bueno, algo menos, pero ya me vas entendiendo.

Javier Sánchez @srjaviersanchez | Madrid | 24/04/2015

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