'NUEVA YORK, RECETAS DE CULTO' RECOGE EL RECETARIO NEOYORQUINO

'NUEVA YORK, RECETAS DE CULTO' RECOGE EL RECETARIO NEOYORQUINO

Qué se come en Nueva York

'Nueva York, recetas de culto' es una auténtica delicia que nos acerca al recetario de la ciudad, sus locales y, lo más importante, su esencia, de la mano de Marc Grossman, un neoyorquino que (tal vez porque vive en París) ama mucho su ciudad.

¿Un Blueberry Pancake con vistas al parque?
¿Un Blueberry Pancake con vistas al parque? | Lunwerg

Resulta que eres Marc Grossman y eres, lo sabes, un tipo muy 'cool'. Llevas el pelo a lo Punset, gafas de aviador y has tenido la suerte de no echar barriga pese a tu afición a la buena mesa. Para más inri, naciste en el centro del mundo, en Manhattan, y por si fuera poco eres judío, probablemente del ala autoirónica. Pero todo eso no te parece lo suficientemente 'cool', porque lo que te has propuesto en la vida es encabezar la lista de tipos de mediana edad con más clase del planeta, ahí, junto a Nick Cave. Y para ello te trasladas a París y abres un restaurante, ya que, como tú mismo señalas “ser un neoyorquino en Nueva York es de lo más vulgar, es algo así como ser Superman en Krypton”.

Pero ser un neoyorquino en París cambia las cosas, porque digan lo que digan ambas ciudades ejercen un magnetismo inexplicable sobre la otra: todo parisino quisiera haber nacido en Manhattan y viceversa. Y empiezas a ser 'cool' a rabiar, a despertar miradas de curiosidad a tu paso mientras hojeas despreocupadamente el The New York Times ante una crepe. Pero, claro, no habías calculado los daños colaterales de este golpe de efecto existencial. Las cosas empiezan a ponerse feas: empiezas a echar de menos la comida de tu ciudad. Tu 'apple pie', tu 'cheesecake', tus huevos Benedict, tu sandwich de pollo. Los desayunos junto a tu madre. Y para curar la nostalgia, escribes un libro precioso dedicado a todos aquellos platos que jamás van a ser superados por ningún taco de foie que se precie.

Un hermoso recetario particular, repleto de anécdotas y guiños, de los platos que han marcado tu existencia, una declaración de amor en toda regla que acaba de publicar Lunwerg y que constituye un melting pot particular de los diferentes sabores que dan forma a una de las ciudades más carismáticas del mundo, a través de los ojos de alguien que sabe muy bien de lo que habla y lo hace con emoción y sensibilidad.

Es imposible resumir la esencia de este libro en diez platos, porque significaría reducir esa amalgama que va desde cualquier rincón de Queens hasta el corazón de Little Italy pasando por el Harlem más profundo, deteniéndose en los 'delis' de Midtown y finalizando el recorrido en el mítico Katz's, una institución de la cocina 'kosher'. Pero estos son algunos de los que han marcado la vida de Grossman y con los cuales, sin duda, podríamos escribir una particular historia gastro de Nueva York.

1- Matzah Brie. Esta receta tradicional de torrijas con pan ácimo la preparaba la abuela de Grossman, rusa, en Pessah, la pascua judía, para celebrar la emancipación de los esclavos. El autor confiesa que le gusta “mezclarla con una cantidad inconfesable de mermelada”.

2- Smoothie verde. Estos batidos refrescantes de verdura y frutas se están poniendo de moda en Europa, pero el mejor, dice Grossman, se prepara en el Melvin's Juice Box de Nueva York.

3- Ensalada Waldorf. Es un clásico internacional, pero pocos saben que esta ensalada a base de manzana y apio fue creada a finales del siglo XIX por Oscar Tchirsky, el maitre del hotel Waldorf Astoria de Nueva York.

4- Huevos Benedict. Cuenta la leyenda que también fue en el Waldorf Astoria donde un cliente resacoso se inventó esta receta de huevos, mantequilla y bacon, tan popular internacionalmente, para aliviar los síntomas del día después de una noche loca.

5-Buckwheat Pancakes. Grossman te cae bien desde la primera línea, cuando aún no sabes que muy pronto, unas páginas más allá, vas a empezar a amar también a su madre, con la que el autor sale a desayunar a menudo cuando la visita en Manhattan y ella, una mujer de costumbres, con un gusto exquisito y a la que te imaginas diciéndole que ya no tiene edad para llevar esos pelos, le lleva a comer unos 'pancakes' de trigo sarraceno a la cafetería griega Big Nick's. En homenaje a su progenitora, Grossman nos brinda su receta sin lácteos.

6-Pork Buns. Esta receta muestra el maridaje mixto típicamente neoyorquino, la esencia gastronómica y cultural de la ciudad: un célebre plato de fast food puede reinventarse combinando la receta básica del challah (pan tradicional hebreo, trenzado) con un lomo de cerdo, que no es precisamente kosher, macerado en una salsa char.

7- New York Cheesecake. Hay que irse hasta Junior's, en Brooklyn, para degustar la receta de la auténtica tarta de queso americana, preparado con queso crema y, aquí Grossman se pone serio, NO cocido al baño maría.

8- Slow Pickles. Son los tradicionales pepinillos con agua y sal, como los que preparan en The Pickle Guys, en la orilla este de Manhattan y se sirven en la mayoría de 'delis', cafeterías y restaurantes de Nueva York.

9- Banana sticks. Esta delicia no es más que una especie de snack consistente en una banana recubierta de chocolate y rebozada con frutos secos, que se sujeta con un palo y se come como si fuese un helado que allí, al otro lado del Atlántico, parece ser que hace las delicias de los niños que corretean por Park Slope.

10- Whoopie pies. Estos pastelitos 'amish' ligeros y etéreos, de cacao, son algo parecido, nos cuenta el autor, a “hacer el amor” (“to make whoopie”).

 

Laura Conde @LauraConde5 | Barcelona | 06/04/2014

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