HAY MIL MANERAS DE HACERLA

HAY MIL MANERAS DE HACERLA

Diez ideas originales para preparar una buena pizza casera

Antojo. Capricho. Comfort food. Difícil imaginar un plan más seductor que una buena película o un partido, una cerveza y una pizza. La tentación consiste en llamar a un servicio de entrega a domicilio, pero no hay excusa para no prepararla en casa.

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¿Por qué no liarse la manta a la cabeza y hacerla en casa? | Cocinatis

Eso sí, algunos de los métodos que te ofrecemos a continuación no son aptos para puristas, y es que la pizza napolitana está reconocida como Especialidad Tradicional Garantizada por la UE, lo que vendría a ser una receta canónica que garantiza que sus ingredientes, además de una masa tradicional, son tomates de San Marzano y mozzarella de búfala campana.

Así que a nuestros métodos los llamemos “herejías satánicas que se desvían de la ortodoxia” o, simplemente “pizza freestyle”, todos tienen en común que son sencillos y están bastante al alcance de cualquier cocina mínimamente surtida.

Los básicos

Lo más importante, repite conmigo querido lector, a la hora de hacer pizza, es el horno. Precalentar, precalentar, precalentar es la clave, hasta que asuma temperaturas volcánicas. Si te saltas este paso, el queso te quedará quemado, las verduras, pochas, y la masa, húmeda. Los expertos de verdad utilizan una piedra para que la superficie en la que reposa la pizza se caliente aún más; sin embargo, pueden obtenerse resultados más que decentes si se tiene la paciencia necesaria para esperar a que el horno alcance su máxima temperatura. También ayuda utilizar una bandeja de metal oscuro, como las que se emplean para hornear galletas. Y no olvides el papel de cocina, porque es tu mejor aliado frente a la temible limpieza del horno.

En cuanto a los ingredientes, menos es más. Una pizza demasiado cargada quedará blanda, y los ingredientes quedarán desigualmente cocidos. Un truco no canónico pero bastante práctico consiste en poner el queso tocando directamente a la masa o inmediatamente encima de la salsa, a fin de que no quede gratinado. Si vas a utilizar verduras de hoja verde, como espinacas o rúcula, o hierbas aromáticas, espérate a añadirlas a la mitad de la cocción para que no se quemen. Por contra, con otros productos, como la carne, la cebolla o las setas, es buena idea que lleguen ya mínimamente preparadas, de modo que no queden crudas.

Masa tradicional

Si no quieres transitar el temible camino de las masas precocinadas –que, en honor a la verdad, ya no es tan terrible como solía ser tan sólo hace diez años, cuando una masa precocinada era sinónimo de un círculo de cartón piedra– hacerte tú mismo la masa de pizza no te va a costar, y además podrás marcarte puntos de chuleo ante la familia y amigos.

Ingredientes:

- 450 gramos de harina
- Un sobre de levadura de panadería
- Dos cucharadas de aceite de oliva, más dos más para untar el bol y la bandeja
- 250 ml de agua (aunque puede que necesites un par de cucharadas más)
- Dos cucharaditas de sal

Preparación:

- Combina la harina con la levadura, la sal y el aceite. Añade el agua, y una vez los ingredientes no puedan mezclarse ya con una cuchara de madera, gírala sobre el mármol de la cocina, ligeramente enharinado, y amasa suavemente unos segundos, hasta que tome forma de bola. Limpia y aceita el bol, vuelve a poner la bola dentro, tápala con papel film y déjala levar un par de horas.

- Pasado este tiempo, puedes dividir la masa en dos o cuatro partes y congelarla para otro día en sendas bolsas de plástico, o seguir con la receta.

- Haz una bola con cada una de las porciones, tápala con un trapo de cocina, y aprovecha, ahora sí, para precalentar bien el horno.

- Transcurridos veinte minutos, estira cada una de las masas sobre una bandeja, de modo que queden lo más finas posibles, y ya están listas para hornear.

- Tardarán de 12 a 20 minutos, pero vigílalas, porque cada horno tiene sus particularidades. El aspecto debe ser… de pizza, con los bordes algo hinchados y la parte inferior bien tostada.

Postre

¡La policía de la pizza no puede impedirte que la comas también de postre! Si estás harto de la combinación tomate + mozzarella + tropezón, utiliza tu masa como base de una pizza dulce. Cuécela diez minutos sin nada encima. Sácala del horno y, procurando no quemarte, úntala con crema de chocolate y avellanas, y trocitos de almendra. Devuélvela al horno y mientras limpia y corta algunas fresas a láminas. Repártelas por encima antes de servirla.

Vegana

¿Es una pizza sin queso una pizza de verdad? ¿Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para oírlo, hará ruido? ¡Qué más da! Si no puedes o no quieres tomar queso, hay una serie de alternativas para darle consistencia a la pizza, como por ejemplo, patatas hervidas, tofu ahumado o verduras a la plancha.

Bianca

Los romanos llaman Pizza Bianca a una masa plana sobre la que añaden aceite, oliva, sal y romero. ¿Aburrido? Añádele higos frescos, y conviértela en pizza e fichi. Haz la masa más gruesa y transfórmala en una focaccia. Toma su nombre literalmente, y añade alguna salsa con base de nata o queso. ¿Quién dijo que aquí había tomate?

Exprés

Una alternativa sencilla, rápida y barata a la masa tradicional son las tortillas de maíz o trigo mexicanas. Y además, ¡menos calórica! Ten en cuenta que el tiempo de cocción será mucho más corto que con la masa tradicional –en siete minutos puedes tenerlas listas– pero que también son mucho más frágiles, y aquí es especialmente importante no recargarlas. Unta la tortilla en aceite antes de ponerla en el horno, y elige ingredientes más bien sólidos.

A la parrilla

Pizza sin horno, la utopía de las noches de verano. No hace falta sudar la gota gorda en una cocina pequeña, porque la base de la pizza no se deshará sobre el grill. Eso sí, nadie te salva de tener que calentar la barbacoa al máximo. Unta la masa con un poco de aceite y cuécela sin ningún otro ingrediente más durante cinco minutos. Dale la vuelta con una espátula –ayudándote, si hace falta, con un plato o una bandeja de horno–, pon el resto de ingredientes, y déjala cocer. Si tienes una tapa concava –la de un wok, por ejemplo– utilízala a modo de campana.

Baja en carbohidratos

En esta vida, hay personas que no creen en los carbohidratos. Puede que sus motivaciones no estén claras, pero lo que sí tiene su miga son las alternativas a la masa de pizza que han ido brotando espontáneamente en internet, que no sabemos si son más sanas, pero sí que ofrecen una ruta gustativa diferente, y que además, son aptas para celíacos. La receta básica consiste en triturar coliflor, cocerla algunos minutos en el microondas, escurrirle todo el líquido (éste es el paso más importante), ligar la masa con huevo y queso, y hornearla por separado del resto de ingredientes, que se añaden en el último minuto. Y si la fórmula, que se ha popularizado entre los fans de la paleodieta, parece que funciona, ¿por qué no probarla también con otros vegetales, como el calabacín, el brócoli o la calabaza?

Masa aromatizada

El cambio más simple que se le puede hacer a la masa de pizza tradicional está en su propia base: la harina. Podemos sustituir 150 gramos de la receta tradicional por harina de maíz, harina integral o de garbanzo. Y los aromas pueden incorporarse a la misma: desde las tradicionales hierbas mediterráneas, hasta ideas menos usuales, como incorporar sabores que armonicen con los ingredientes que coronarán la pizza (gengibre y canela con foie, regaliz con berenjena…).

Lahmacun

La llaman la “pizza turca”, y es un poco injusto, porque esta especialidad es atractiva por sí misma, aunque no demasiado fácil de encontrar. Su masa sí es parecida a la de la pizza, pero sus ingredientes no son tan comunes, porque suele llevar carne picada de cordero o ternera, tomate, cebolla y perejil. No lleva queso, pero en contrapartida se sirve con más hierbas frescas y zumo de limón. Algo así como si la pizza y el kebab se casaran y tuvieran hijitos, deliciosos hijitos…

Tuneada

La última línea de defensa ante el pizzero. Sí, confiésalo, tú también has tenido alguna vez una sosaina pizza congelada en la nevera. Aquí, la clave para hacerla despegar de la mediocridad está en lo que tú le añadas. La primera premisa es que no intentes variar radicalmente el resultado. Si has comprado una pizza con atún, no te vuelvas loco con el jamón. En su lugar, intenta añadir más atún (y mejor) o busca ingredientes similares, como anchoas. Posiblemente, también quieras añadir más tomate, porque las pizzas congeladas suelen llevar menos de lo habitual. Otro aspecto en el que puedes hacerla subir unos cuantos escalones de calidad es el queso: si tienes alguno particularmente bueno, espera a coronar la pizza con él hasta después de hornearla. Añade unas hierbas frescas, y nadie, menos nosotros sabrá que has hecho trampa.

Texto de Mar Calpena

 

Gastronosfera @gastronosfera | Barcelona | 11/06/2014

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