Sal dietética, especias, ajo y más ayudantes

Sal dietética, especias, ajo y más ayudantes

Cinco alternativas a la sal que harán que no la echemos de menos

Un estudio acaba de decir que tomamos más sal de la cuenta, pero que eso no tiene por qué ser malo. No obstante, ingerimos a diario casi el doble de lo que recomienda la OMS, así que aquí van cinco ideas por si queremos una alimentación más sosaína.

La sal de la vida... a veces la amamos y a veces la odiamos.
La sal de la vida... a veces la amamos y a veces la odiamos. | Free images

Hay dos tipos de persona en este mundo: aquelllos que al recibir un bistec con patatas tiran del salero sin haber probado siquiera el punto y sazonan furiosamente, cómo si les fuera la vida en ello; y otros, capaces de comerse una tortilla francesa, un plato de sopa y hasta un menú de boda entero sosos sosísimos. Yo pertenezco al segundo grupo: en una cena de amigos, cuando todos giran el cuello después de haber tomado la primera cucharada de un plato sin sal, yo sigo comiendo, feliz, sin notar la evidente falta de sabor que otros detectan en el plato.

¿Soy un soso? Supongo que sí. Por eso, no he podido evitar fijarme en el New England Journal of Medicine, que se ha descolgado con la noticia de que hay un estudio que concluye que que cada persona toma 3.950 miligramos de sodio al día, lo que es prácticamente el doble de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, 1,65 millones de muertes al año se producen por problemas cardiovasculares derivados del abuso de la sal. Mal rollo, ¿verdad? Pero esto no quiere decir que lo estemos haciendo mal. Ya verán.

El estudio es más complejo de lo que parece y le da con la mano abierta a a la OMS, explicando que los que toman menos de 3.000 miligramos de sodio al día tienen un 27% más de posibilidades de morir por un ataque al corazón. Finalmente, el estudio concluye que entre 3.000 y 6.000 miligramos al día la cosa parece ir bien, pero que de 6.000 para arriba empiezan nuestros problemas. No es para tomarse en broma estas conclusiones. Al fin y al cabo, han llegado tras examinar a 100.000 personas durante tres años

Supongo que nos hemos quedado todos un poco más tranquilos. De todos modos, para aquellos que quieran seguir a rajatabla las directrices de la OMS, hay van cinco alternativas a la sal para tratar de rebajar, en la medida de lo posible, nuestra ingesta diaria:

Sal dietética. Una de las alternativas más lógicas para tomar menos sal es la propia sal. No, no nos hemos vueltos locos: hablamos de la sal dietética, a la venta en herbolarios y que muchas de las personas que toman dietas pobres en sodio ya conocen. Se diferencia en poca cosa de la habitual, salvo en su contenido en sodio, que es mucho menos.

Especias y hierbas aromáticas. Un combo ganador: una sabia combinación de especias como el pimentón o el azafrán o de hierbas como el orégano o el romero pueden engañar a nuestros sentidos de tal manera que lleguemos a pensar que, efectivamente, lo que nos estamos comiendo lleva sal. Se trata de ser creativo y de jugar con todos esos botecitos que hay en nuestro especiero. Además, tienen fibra.

Ajo. En el caso del ajo, todo son virtudes. Su uso en carnes y pescados puede hacer que la presencia de sal sea anecdótica. Solo tenemos que emplearnos a fondo con el mortero y no escatimar en la cantidad. Si lo que queremos es sabor, sin duda lo conseguiremos y sin tener que echar mano del salero para nada. ¡Ah! Si es negro, mejor que mejor.

Alimentos que salan de manera natural. Hay alimentos que llevan sal en su composición de manera natural. Por ejemplo, conservas como las anchoas o el atún o queso como el parmesano pueden ser sazonadores naturales si los utilizamos sabiamente en ensaladas u otros platos.

Vinagre. La industria alimenticia lleva años estudiando posibles alternativas para aumentar la salinidad de los alimentos. Una de las posibilidades es la introducción de ácidos y, entre ellos, uno de los que podría funcionar mejor es el vinagre. Eso no quiere decir que, hasta entonces, no podamos aliñar una ensalada con más vinagre y un poquito menos de sal. Una manera estupenda de rebajar nuestra factura diaria de sodio.

 

Javier Sánchez @srjaviersanchez | Madrid | Actualizado el 23/06/2018 a las 14:00 horas

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