Nos visita en plató

Conchita Ruiz recuerda a Eugenio, el cómico que vivió una vida de humor y drama : "Mi casa era una fiesta"

Se han cumplido 23 años desde que el genio del humor nos dejara después de, tras la muerte de su primera mujer, entrar en una espiral de depresión, además del cáncer, que le llevaría a fallecer cuando solo tenía 53 años.

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Hace 23 años que Eugenio, el genio del humor, nos dejó. Con su particular estilo para contar chistes, su vaso de whiskey con naranja y su cigarrillo, él fue el primer humorista que se presentó ante el público con cara de funeral.

Para recordarlo, Conchita Ruiz, su segunda mujer, ha visitado el plató de Y ahora Sonsoles. Ellos se conocieron cuando Eugenio ya había alcanzado la fama.

Sin embargo, esta misma le devoró y entró en una espiral de autodestrucción. Con tan solo 55 años le detectaron un cáncer, depresión crónica, y varias embolias. Hasta que, en 2001, con tan solo 59 años falleció.

Ella lo ha recordado, con sus luces y sus sombras, y aún así se quedaría con todo. Eso sí, Conchita sabía que él era mujeriego desde que comenzó su relación, pero en un momento empezaron a hacer vidas diferentes y dejaron la relación.

"Bajaba al sótano y se rodeaba de gente inadecuada", ha dicho. En cuanto a lo que le gustaría borrar, ha dicho que los dos últimos años, aunque no hay un borrador.

Conchita se tuvo que ir de casa, porque, según ha dicho, el amor se rompió. "Nunca me dijo vete pero me ponía las maletas en la puerta", ha explicado.

La carrera de Eugenio

Nació en la Barcelona de la posguerra en el seno de una familia muy humilde. De profesión era joyero, pero empezó su actividad artística con su primera mujer, Conchi, con quien formó un dúo musical que el que quedaron cuartos en la preselección de Eurovisión en 1970.

Pronto, tanto él como Conchita, se dieron cuenta de que a la gente no le interesaban tanto sus interpretaciones como el modo en el que las presentaba: contando chistes. Así nació el fenómeno.

Eugenio grabó su primer casete que se convirtió en un éxito total y pasó de actuar en pequeños pubs con aforo de 20 personas a llenar grandes salas con más de 800 localidades y colas interminables en la puerta.

Su punto de tristeza innato se acentuó con el fallecimiento de su mujer y madre de sus dos hijos. Eugenio se quedó viudo con 38 años y entró una profunda depresión de la que no llegó a salir nunca.

Sin embargo, esta desgracia le elevó profesionalmente y, en la década de los 80 alcanza la cima de su carrera, los programas de televisión se rifaban al cómico por su particular estilo.

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