Quedamos con Carlos Ruiz, el Director-Conservador del Parque, en la zona del embarcadero. "En condiciones normales aquí tendríamos que tener unos 80 centímetros de agua y podríamos recorrer el parque montados en barca", señala. Pero no es así. Visitamos buena parte de las 1.700 hectáreas montados en coche, recorriendo el lecho de esta llanura ahora seca.

"Muchas aves han abandonado esta zona", lamenta. Tan solo vemos un par de nutrias cazando los pocos peces que quedan en las charcas de agua cuyo olor da idea del tiempo que llevan estancadas. Sobre nosotros una bandada de garzas llega desde el norte de Europa buscando el cobijo que durante tantos años ha encontrado en este Parque Nacional.

"Es un ecosistema complejo que mezcla las características de una llanura de inundación, producida por los desbordamientos de los ríos Guadiana y Gigüela en su confluencia, con la de un área de descarga de aguas subterráneas procedentes de un acuífero de gran tamaño", sigue la descripción del Ministerio.

Esa sería la situación habitual. Sin embargo no es así. La sobreexplotación agraria es su principal amenaza. "Hay una tremenda presión agraria sobre el acuífero 23. Tanta sobreexplotación de estas aguas subterráneas que estas reservas prácticamente se han agotado. De este acuífero depende que se llene el río Guadiana en este tramo y cuya agua abastece nuestro Parque Nacional", nos comenta Carlos Ruiz. Un lugar único en el mundo pendiente ahora de un posible trasvase del Tajo.