Son las 8.05 de la mañana y el sol empieza a despuntar por encima de la Caldera de Tejeda. La primera luz del día se cuela por una claraboya abierta en la cúpula de una cueva artificial excavada hace más de ocho siglos en roca volcánica en las afueras de la localidad de Artenara y proyecta un haz que recorre sus paredes lentamente, iluminando unos grabados con forma de vulva, símbolo casi universal de la fertilidad.

El fenómeno se repite seis meses al año, en el amanecer de cada día desde, al menos, el s. XIII: los rayos del sol empiezan a penetrar en este calendario de piedra en el equinoccio de primavera (20-21 marzo), despliegan sus efectos más espectaculares en el solsticio de verano (20-22 de junio) y van declinando poco a poco hasta desaparecer en el equinoccio otoño (22-23 de septiembre).

Es la cueva número 6 del yacimiento de Risco Caído, un poblado troglodita construido en un acantilado de Barranco Hondo, en la cumbre de Gran Canaria, a 1.200 metros de altitud. No es un lugar cualquiera, es un "yacimiento con estrella" dentro de las islas, el más espectacular de todos, el testimonio más refinado de los conocimientos astronómicos que tenían los antiguos canarios.

El verano acaba de empezar y Risco Caído brilla como pocas veces: la Unesco ha decidido que este enclave del planeta merece ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Era la candidata que postulaba España desde hace dos años y ahora al fin ha superado su examen definitivo.

Como pasó con Altamira, que fue reconocida por la Unesco en 1985 y luego arrastró a otros yacimientos con arte paleolítico de la Cornisa Cantábrica, esa cueva de Artenara es solo una punta de lanza, la expresión más sofisticada de la cultura que desarrollaron los pueblos bereberes que hace unos 2.000 años llegaron a Islas Canarias. Allí se quedaron aislados durante siglos y se adaptaron a vivir de nuevo con una tecnología propia de la edad de piedra, por exigencias de un entorno sin minerales metalizables.

El Cabildo de la isla lo ve así desde el inicio de la candidatura, que oficialmente se denomina "Risco Caído y las montañas sagradas de Gran Canaria" y abarca toda la Caldera de Tejeda: 18.000 hectáreas de terreno de geología volcánica que Miguel de Unamuno describió un día como "la tempestad petrificada".

Descubierta en 1995 por el arqueólogo Julio Cuenca, esta cueva de Gran Canaria dio sus primeros pasos hacia la lista de Patrimonio Mundial hace cuatro años, cuando la Unesco la incluyó en su portal de Arqueoastronomía, junto a otros lugares donde diversas culturas antiguas dejaron testimonio de que sabían mirar al cielo, como Stonehenge (Reino Unido), Chankillo (Perú), Caguana (Puerto Rico) o las grutas decoradas con estrellas del desierto de Arizona (EEUU).

España ha conseguido que "las montañas sagradas" de Gran Canaria se conviertan en el enclave número 48 del país en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Para el organismo asesor de la Unesco para estos asuntos, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), el territorio que circunda Risco Caído en la Caldera de Tejeda contiene testimonios excepcionales de las antiguas culturas Amazigh (bereberes) del norte de África, herencia de la única de todas ellas que se desarrolló en islas.

Su informe valora la conexión de ese paisaje de la cumbre de Gran Canaria y sus yacimientos con las culturas trogloditas del norte de África, que no están representadas hoy en ningún sitio Patrimonio de la Humanidad. "El paisaje cultural de Risco Caído sería una contraparte de inestimable valor de Dougga (antigua ciudad del norte de Túnez, Patrimonio de la Humanidad desde 1997)", apunta.

Y en una mención con pocos precedentes, se refiere también al cielo del espacio que propone proteger como parte de ese conjunto cultural, en particular al nocturno, que en ese lugar "se conserva casi sin cambios desde la conquista española en el siglo XV". "La candidatura propuesta proporciona un testimonio excepcional de una cultura insular que incluye los cielos como parte fundamental de su percepción del mundo, sus ritos y creencias", añade.

La hora del reconocimiento internacional para la cultura de los antiguos canarios ha llegado. A orillas del Mar Caspio, a 6.000 kilómetros de Canarias, los ojos de la Unesco la miran.