María Luisa siempre soñó con convertirse en misionera. De pequeña quería ser monja para poder viajar por el mundo ayudando a los demás. De hecho, nunca renunció al sueño de unir sus dos pasiones: “Me he quedado con las ganas de ir a donde están los negritos y estar con ellos, bailar con ellos y hacerles una paella”. Mª Luisa lleva muchos años sin viajar, unos 10 o 12. Cuando se murió su marido se quedó sin viajar. Cuando se jubilaron hubiese sido el momento, pero entonces él falleció.