Ana siempre fue una niña introvertida con inquietudes artísticas. Se refugió en el dibujo para dejar salir su arte sin exponerse públicamente. Los trazos pasaron del folio a la piel y se convirtió en maquilladora profesional. Ha trabajado detrás de las cámaras en una serie, pero ahora su actitud ha cambiado y busca dar el salto al otro lado de la lente, con una actitud mucho más extrovertida.