Asume como "un honor enorme" la posibilidad de poder ser representante del pueblo español y participar en los debates aunque le da vértigo pensar en que podría convertirse en ministro de Justicia: "Primero hay que ganar las elecciones, hay que sumar y Pablo Casado tiene que decirnos que sí antes de que empiece la campaña electoral", destacaba.

Edmundo Bal ha contado cómo vivió la purga por la que el gobierno socialista le retiró como abogado del Estado-jefe del Departamento de Penal al ámbito del contencioso administrativo que puede imponer penas de multas pero no de cárcel.

El jurista se negó a modificar el escrito de acusación presentado ante el Tribunal Supremo, en el que inicialmente se acusaba a los líderes independentistas catalanes de un delito de rebelión, para rebajarlo a los delitos de sedición y malversación de caudales públicos, tal y como había sido ordenado por el Gobierno. "Primero me cesaron, ahí lo tradicional era colocarte en un sitio donde no perdieras mucho dinero y no molestaras mucho. Pedí una serie de plazas porque quería quedarme en el edificio donde he estado los últimos 16 años y se me negó. A la pena del cese se le una la pena romana del destierro", señala.