El principal sospechoso de su muerte, el marido de Vianca, mintió hábilmente para despistar a los investigadores durante meses. Esther, la madre de Vianca, asegura que lo único que le alivia en medio de tanto dolor es "tener algo de certeza" sobre quién mató a su hija.

Durante el año que ha pasado sin conocer el paradero de la joven se realizaron varias batidas de búsqueda en las que también participó el ahora sospechoso de su crimen. En las batidas advertía a los voluntarios a qué lugares no debían ir "por su peligrosidad". Finalmente donde él no quería que fueran es donde estaba el cadáver.

La madre de Vianca siempre dudó de las buenas intenciones de su yerno. Asegura que era muy celoso y manipulador y apenas le dejaba a su hija hacer cosas por sí misma."Lo único que faltaba es que fuera al baño con ella", lamenta.

Cuando se enteró de que su hija se había casado pensó que él lo había hecho por los papeles. Cuenta que Vianca descubrió que su marido seguía hablando con su antigua pareja. "Descubrió que se unió con ella por los papeles para traer a su familia para acá. Ella estaba muy enamorada de él", relata.