La idea surgió en una charla de amigos en un club deportivo de Huelva. Organizaron un torneo de padel con curiosos premios como el de un trasplante de pelo en Turquía valorado en 2.000 euros.

La condición del patrocinador es que ese trasplante se use, si no por el ganador, por una tercera persona que él mismo designe. No se trata de un torneo solo apto para calvos ya que puede participar cualquier persona.