Vivir del viento

¿Una piscina climatizada de un millón de euros en Suellacabras? Esto es lo que pueden permitirse los pueblos con molinos

Piscinas, dotaciones deportivas, centros culturales… pequeños pueblos con apenas 30 vecinos manejan presupuestos de cientos de miles de euros. Ante quienes cuestionan los parques eólicos por perjudicar el entorno son claros: “no se puede tener todo”.

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Zuuum, zuum, zum… es una cadencia imparable, un zumbido constante cuando asciendes a lo alto del monte, hasta la base de los inmensos aerogeneradores. El viento nos desplaza y la nieve entorpece nuestros pasos, pero llegamos al punto desde donde se contempla Suellacabras: 32 vecinos censados en una comarca con una densidad de menos de 2 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que se conoce como “desierto poblacional”. Pero aquí donde parece que el tiempo se detiene, observamos instalaciones que nos descolocan: una pista de pádel, un centro cultural… y lo más sorprendente, ¿Una piscina climatizada?

Sí. En Suellacabras ya está licitada su próxima dotación estrella: una piscina climatizada presupuestada en casi 1 millón de euros. ¿Cómo es posible? Felicidad Gómez, la alcaldesa del pueblo se defiende de cualquier sospecha de derroche: “Yo no voy a endeudar al ayuntamiento para hacer una piscina climatizada. Tenemos unos ingresos gracias a los molinos que son los que vamos a utilizar para mejorar la vida de los que están aquí viviendo fijos y de rebote, de los que vienen de visita”. No en vano el presupuesto que maneja el consistorio se acerca a los 300.000 euros por ejercicio. Nada mal para una localidad de “la Laponia española”.

Cada molino deja unos ingresos de entre 4.500 y 7.000 euros anuales en el pueblo

El único paisano con quien nos cruzamos en la media hora que llevamos en el pueblo nos explica que él está encantado con la piscina que van a hacer: “ya me he comprado un tanga. Yo lo que veo es que el pueblo va a más, a más, a más…”

Seguimos recorriendo las instalaciones de este pueblo de piedra: el centro cultural, la pista de pádel, la casa rural y otro proyecto ambicioso: un complejo de cinco casas recién restauradas para aquellos “forasteros” que quieran empadronarse, vivir y trabajar aquí. El precio del alquiler es de 250 euros, están totalmente equipadas y sólo les queda una por ocupar. El resto están habitadas por vecinos como Maica, una ingeniera química que vino de Barcelona a trabajar en una empresa de la zona. Ha dejado su trabajo y acaba de montar el negocio de su vida: un centro de educación canina: “instalarme aquí me ha permitido lanzarme y emprender”, asegura.

Los molinos son una presencia constante en el horizonte del pueblo. Unos pertenecen a los dueños de las fincas. Otros, unas dos docenas, al pueblo. Es inevitable hablar de los detractores de estos parques eólicos. “Feli” lo tiene claro: “al principio hubo alegaciones pero fueron desestimadas. Luego, la gente se echó las manos a la cabeza con las cosas que se estaban haciendo… claro, en esta vida, no se puede tener todo”.

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